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FELICIDAD 2020: LEVADURA, MARKETING Y GULA.

FELICIDAD 2020: LEVADURA, MARKETING Y GULA.

De no haber sido por un virus presuntamente creado en un laboratorio de armas biológicas, la búsqueda de la felicidad habría seguido siendo la gran obsesión mundial: el oscuro objeto del deseo de todos nosotros. Billones de dólares mermelada y la obediente colaboración de los gobiernos, organizaciones privadas, algunos profesionales de la salud y medios de comunicación rebaños, se encargaron de amargarnos el 2020. Un macabro plan, -tal vez con fines eugenésicos-, ideado durante años por una élite invisible, anticipado y ejecutado por la OMS, Organización Mundial de la Salud y sus abnegados cómplices, nos grabó de manera indeleble la palabra “covid19”. A septiembre 24 de 2020 y en menos de nueve meses, la palabra “covid19” ya cuenta con 387.000 búsquedas en Google, mientras que las búsquedas asociadas a la palabra “felicidad” tan solo suman 351.000 en más de veinte años. Miedo, frustración e instinto de supervivencia, mueven las dos búsquedas.

Y no es que se trate de una competencia entre una y otra, pero es justo reconocer que covid19 nos robó en unos pocos meses gran parte de la felicidad que nos quedaba de los ahorros emocionales del siglo 21, para no devolverme tanto en el tiempo.

Irónico, porque la felicidad, -además del sexo sin complicaciones y el dinero fácil-, sigue siendo lo más deseado casi desde la infancia y hasta finalizar la tercera pubertad antes de la vejez. Por fortuna, la felicidad que buscan los Millennials, no es la misma que busca el resto la humanidad, ni se parece en nada a la que siguen buscando sin esperanzas sus hermanos mayores, los de la Generación X. 

La felicidad es tan enigmática como la famosísima búsqueda del sentido de la vida, el “a qué vinimos, cuál es mi propósito”, algo que también se siguen preguntando miles de padres cuando observan que sus hijos pasan horas y horas mirando robóticamente un celular, comiendo chatarra a toda prisa y buscando con pesimismo realista, con quien armar un plan de vida, no uno de un par de horas o semanas.

La búsqueda de la felicidad sigue siendo tan inescrutable como la del Santo Grial o el “qué sigue después de la muerte” y si en verdad hay un más allá o simplemente un más acá, misterio que supuestamente ya fue resuelto por todas las religiones del mundo, sin que ninguna ofrezca pruebas científicas ni vivientes que les den la razón. Tal como lo cantan Vinícius de Moraes, Toquinho y María Creuza, “la felicidad del pobre se parece a la gran ilusión del carnaval, la gente trabaja un año entero por un momento de sueño, para disfrazarse de rey, de pirata o de jardinera… y todo se acaba el miércoles.

https://www.youtube.com/watch?v=RLxmudlRyz4

Gracias a los avances de la inteligencia artificial de Google Maps, se ha confirmado que hay casos excepcionales de vida inteligente y feliz antes de la muerte:  La red de “Ciudades Slow” y algunos paraísos gastronómicos alineados con el movimiento “Slow Food”, en Canadá, Corea del Sur, Italia, España, Alemania, Reino Unido, Polonia, Sudáfrica, Australia, India. En Colombia, un pequeño pueblo llamado Pijao, en el Quindio. También, tres recónditos lugares del Tíbet, dieciséis spas ubicados en diversas áreas de Finlandia, tres striptiseaderos de Ámsterdam, el Parque del Perro y el de Los Gatos en Cali, el Mercado de San Telmo en Buenos Aires y la tienda de música BossaNova Records en Rio de Janeiro.

Incluyo también a un modesto apartamento lejos del mundanal ruido en las goteras de Cajicá y una casa centenaria que parece El Museo de las Espirales en el barrio La Candelaria de Bogotá, en donde según los servicios de inteligencia viven en feliz anonimato y como abuelos apacibles un poco misántropos, las reencarnaciones de los pintores Jacob van Ruisdadel, (1628- 1682) y Kazimir Malévich (1879-1935), ambos nacidos bajo el signo Piscis y ahora dedicados al noble arte de la pintura con brocha gorda y la caricatura estilo cubista realizada en un minuto; cuando las cuentas no cuadran, freelancean los fines de semana vendiendo almojábanas, paletas y merengón. Mientras tanto, la búsqueda de vida inteligente en el Universo y en el planeta Tierra, sigue sin descanso.

 “Felicidad” es tal vez, la palabra más pensada, usada, leída, escuchada y pronunciada en los últimos veinte años, debido precisamente a que es muy escasa. En los pocos matrimonios que hoy se celebran, ya casi nadie se atreve a prometer fidelidad y menos, hacer feliz a su pareja hasta que la muerte los separe. Como gran cosa, prometen una pizza juntos cada quince días incluyendo amigas y amigos, y dos minutos y medio de forcejeos, sudor y silencios incómodos mientras tienen sexo, también cada quince días, sin amigas ni amigos, al menos durante el primer año.

Miles de libros, cientos de canciones y poesías, millones de tuits y posts, seminarios, retiros experienciales, conferencias, encuentros tipo alcohólicos anónimos pero sin alcohol, grupos de apoyo multiétnicos, coachings, tesis de grado, sermones, realities, canchas de microfútbol y de tejo, moteles, nuevas religiones y confesiones amorosas a las plantas y mascotas, ratifican que la felicidad es omnipresente y a la vez invisible. Está en todas partes y en ninguna al mismo tiempo, sea en modo analógico o virtual, en vigilia o en los sueños más profundos. Las telebobelas ya no son sobre la felicidad sino sobre el odio, el nuevo sentimiento que reemplazó al amor.

Quienes más pregonan que el dinero no da la felicidad, son precisamente los que no tienen un centavo, pero cuando lo dice un empleado clase media rebosante de felicidad porque acaba de firmar un divorcio que lo dejó casi en la calle, no se sabe qué pensar de la felicidad o de las parejas o de los abogados.

En sus comienzos, las redes sociales se parecieron a los inicios del Transmilenio. La comodidad de los articulados nuevecitos en donde siempre se podía viajar sentado no se podía comparar con la vieja pesadilla de las atestadas busetas. Transmilenio nos hizo creer que por fin teníamos un buen servicio de transporte público. Pero no, la felicidad duró poco. Igual ocurrió con las redes sociales, en donde los “early birds” gozamos casi que de la privacidad de un exclusivo club social antes de que llegaran los millones de francotiradores virtuales, los miles de expertos con dos años de experiencia ofreciendo sus inigualables cursos, talleres y especializaciones; los millones de consejeros espirituales con el secreto de la vida eterna, los infaltables borregos vociferantes que viven en campaña política gratuita 24/7 defendiendo con uñas y dientes a sus amos mientras atacan a los demás y por si fuera poco, la publicidad más estúpida de toda la historia, que para colmo de males cada vez es más difícil evitarla.

Cuando nos dedicamos juiciosamente a perder el tiempo navegando sin rumbo en las redes sociales, nos toca sufrir la detestable felicidad de los otros. Sus viajes intercontinentales con decenas de fotos profesionales delante de icónicas ruinas, catedrales y lugares must del nuevo turismo democrático, almuerzos gourmet en yates alquilados y sonrisas perfectas pletóricas de dicha color verde envidia, sus nuevos carros, sus nuevas parejas perfectas, sus nuevas mansiones con piscinas, billares y camas King, sus nuevas tetas o culos o sus extrañas caras moldeadas a punta de silicona y botox. Cualquier ser humano normalito que vea este tipo de felicidad artificial de levadura, marketing y gula, tiene el derecho a sentirse feliz con su modesta infelicidad, pero no puede cometer el error de publicar su felicidad desgraciada porque los multimillonarios de la felicidad le amargaran la vida. Ser feliz pareciera ser la norma, pero no será la base emocional obligatoria de la nueva normalidad. La felicidad no es una ciencia y si lo fuera, no sería felicidad sino una fórmula reduccionista que no haría feliz a nadie. La felicidad es un arte y como el arte, tiene mil facetas.

¿Vale la pena seguir obsesionados con la búsqueda de la felicidad? Mi respetuosa opinión basada en la exitosa y modesta gestión de mi propia felicidad a lo largo de toda una vida, es que no es inteligente correr detrás de la felicidad. Tal vez ni siquiera exista o al menos, no se parece a lo que imaginamos. Las expectativas con lo que se espera de la felicidad suelen convertirse en una tortura sin fin. Hay expectativas insospechadas, casi siempre muy simples, que resultan ser muy asertivas. Por ejemplo, esa sensación liberadora que aflora cuando se abandona la búsqueda de la felicidad, es uno de los miles estados de la felicidad.

Como sucede con las mujeres, no hay que tratar de entender la felicidad ni vale la pena buscar las causas y razones propias y ajenas que nos hacen infelices. No hacen falta manuales de autoayuda para ser felices. Simplemente apliquemos la regla de algunas divas de la gastronomía: nunca debemos comer hasta sentirnos llenos. Es mejor quedar con algo de hambre. La felicidad de gula no es felicidad. Hay que saborear la felicidad como si se tratara de una exquisita ambrosía, un platillo digno del paladar de un sibarita. No podemos seguir intoxicados con la dopamina de las redes sociales ni por la felicidad levadura de los demás. La verdadera felicidad es como un orgasmo: dura unos segundos, y si durará más, sería insoportable.

 

POSTRE

  • Reír es una de las maneras gratuitas más eficaces para ser felices. Cada quien escoge el tipo de humor que le logre sonsacar risas y ojalá carcajadas. Yo río todo el tiempo. Parte de mi biblioteca está conectada con el humor. Me encanta el Stand-Up Comedy.
  • Aunque tengo pocos amigos, sus singularidades son para mí fuente inagotable de risa. Claro, ellos no lo saben.
  • Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna… (Groucho Marx).
  • Soy un paranoico al revés. Siempre sospecho que la gente está planeando algo para hacerme feliz. (J.D. Salinger).

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial o religiosa; los sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

HARTOS DE ESTAR HARTOS

HARTOS DE ESTAR HARTOS

“Harto ya de estar harto, ya me cansé 
de preguntar al mundo por qué y por qué
La Rosa de los Vientos me ha de ayudar 
y desde ahora vaís a verme vagabundear
entre el cielo y el mar…vagabundear”

(Joan Manuel Serrat)

El significado que le quiso dar Serrat a la palabra “harto” en su canción Vagabundeartal vez fue el de estar molesto, aburrido, cansando de una situación, o como dirían generaciones anteriores, “estar hasta el cogote o hasta la coronilla”. Para la mayoría entre los 25 y 50 años, sería simplemente, “estar mamado”. Como sea, Serrat estaba mamado o hasta el cogote, de preguntar los eternos por qué sin respuesta que todos nos hicimos a los 18 años o antes: Medio ambiente, nacionalismo, libertad, amar, buscar el camino.

Ahora, en la era covid19, es evidente que esas preguntas fueron sustituidas por unas menos simbólicas en las que las redes sociales, el consumismo, globalización y barreras generacionales, entre otras, aportaron los ingredientes para que el virus del hartazgo hubiera aparecido veinte años antes de la pandemia y tal vez esté matando de aburrimiento a millones.

Es bueno aclarar que no culpo a nadie de sus hartazgos. A las redes sociales, sí. El documental “The Social Dilemma”, estrenado por Netflix en enero de este maravilloso 2020, nos muestra las sofisticadas estrategias y tácticas de la tecnología e inteligencia artificial con las que nos están controlando casi todos los aspectos de nuestras vidas. Influyen en lo que decidimos que nos gusta, nos mantienen informados según las “verdades” que estamos dispuestos a aceptar y propician cambios profundos de comportamiento. También, -y esto no es poca cosa-, están socavando lo poco que queda de las democracias influyendo en las elecciones, en la reputación de los gobiernos, en lo que es aceptable o no. Sus protagonistas son los mismos creadores de estas apps, quienes confiesan horrorizados las gravísimas consecuencias que ya están pagando principalmente los jóvenes y lo que es peor, es casi imposible detener el crecimiento exponencial de su manipulación. Dopamina instantánea que, como toda droga adictiva, cada vez requiere dosis mayores para conseguir algo de satisfacción, pero a largo plazo, solo produce hartazgo y frustración.

Después de ver este documental, uno queda con la sensación de que el covid19, es tan solo una “gripita” comparado con la distopía en que encuentra el planeta gracias a las redes sociales. Aunque resulte irónico, al finalizar le di “like” al documental.

Si algunos de estos síntomas ya son evidentes en su comportamiento laboral o familiar, o hay brotes entre sus colegas, amistades, hermanos y padres, se trata de la pandemia del hartazgo, aunque para esta sí existe vacuna: Disminuir progresivamente el consumo de redes sociales. Esto incluye, por supuesto, leerme solo cada semana y siempre y cuando cada entrada les produzca algo de dopamina.

Hartos de estar aburridos. Hartos de fingir felicidad en las redes sociales. Hartos de no conseguir likes pero sí comentarios despiadados de sus enemigos. Hartos de los otros. Hartos de las vidas perfectas de los demás en las redes sociales. Hartos de divertirse con la misma gente. Hartos de conocer gente tan aburrida como usted. Hartos de la comida casera. Hartos de la gula desenfrenada. Hartos de toda su ropa de última moda. Hartos de que casi toda la ropa les quede ahora pequeña. 

Hartos de que los celadores de los centros comerciales les saluden por su nombre. Hartos de que ahora nadie se acuerde de ustedes, ni siquiera los celadores. Hartos de las comodidades del Hotel Mama. 

Hartos de ver tantos pobres. Hartos de la sociedad. Hartos de tenerlo todo y no ser dueños de casi nada. Hartos de no sentir deseos por nada. Hartos del carro, la moto y la bicicleta todoterreno que tienen parqueados en sus casas. Hartos de su quinto celular. Hartos de tener tantos amigos y sentirse solos. Hartos de los niños. Hartos de tanto anciano. Hartos de la lluvia. Hartos del sol. Hartos de tanta viajadera. Hartos de no poder viajar. Hartos de la pornografía. Hartos de la gente muy parecida a ustedes. Hartos del papá, mamá y todo el árbol genealógico. Hartos de que nadie les ratifique que son hiperinteligentes. Hartos de que les ignoren por tontos. Hartos de que sus papás les quieran conseguir empleo. Hartos de su séptimo empleo en año y medio.  Hartos de no poder ascender. Hartos de haber sido ascendidos porque ahora les odian en toda la empresa.

Hartos de no poder conseguir una buena pareja. Hartos de que su pareja sea superior, inferior o de su mismo nivel. Hartos de Netflix, Amazon Prime, HBO y toda la oferta de cine en casa. Hartos de los bares. Hartos de la música. Hartos de embriagarse y arrepentirse siempre de lo mismo. Hartos de que los guayabos sean cada vez peores. Hartos de mirarse al espejo en las mañanas y a cualquier hora. Hartos de los restaurantes que antes les parecían lo máximo. Hartos de haber perdido el apetito. Hartos de seguir comiendo excesivamente. Hartos del hambre voraz que les produce la rutina del gimnasio. Hartos de privarse de lo que más le gusta para poder bajar de peso. Hartos de que les pregunten si están enfermos. Hartos de haber perdido el apetito sexual. Hartos de que nadie los tenga en cuenta para tener sexo. Hartos de tener mucho sexo y sentirse vacíos. Hartos de no poder dormir. Hartos de que les dé sueño en la mitad de la mañana. Hartos de todo.

Hartos por definición. Hartos de estar hartos, como lo escribió y cantó Serrat, solo que si se dedicaran a vagabundear, también se hartarían.

En mi día a día hablo con muy pocos adultos mayores, tal vez algunos amigos y conocidos diez o más años menores que yo, muy competitivos, quienes con tal de superarme en lo que sea, decidieron envejecer primero que yo. Me ganaron, lo reconozco. Son muy pocos los adultos mayores que estén hartos. Los adultos mayores, hartos de verdad, son la excepción de la regla.

A los adultos mayores o en su tercera pubertad, casi nada nos harta. Si trabajamos, el trabajo no nos harta, nos entusiasma; otra cosa es tener que soportar jefes imbéciles que ni idea de liderazgo y en lugar de trabajar se dedican al jadejo empecinados en aburrir a todo el mundo. Intelectualmente, somos los más activos. Nos encanta madrugar a ver los amaneceres, también disfrutamos los atardeceres y las luces nocturnas nos parecen mágicas. Nunca nos verán aburridos. No sufrimos con los hartazgos antes mencionados. Por lo demás y si estamos con la familia, todo está bien. En su compañía y con un buen café en la mano, la vida es maravillosamente simple y agradable, hasta que los hartos de todo, comienzan a impregnar de su hartazgo el hogar dulce hogar.

POSTRE:

Hay otros hartazgos que la mayoría de colombianos sufrimos como si fueran enfermedad incurable:

  • Hartos de más de 500 años de corrupción.
  • Hartos de la política como negocio eterno de las familias de siempre y de las familias advenedizas o trepadoras sociales que se reproducen más y más.
  • Hartos de una guerrilla que cumplió 50 años y terminó mimetizándose con su enemigo.
  • Hartos de no poder confiar en nadie ni en nada.
  • Hartos de las empresas explotadoras que no aportan nada a la sociedad.
  • Hartos de que las instituciones que alguna vez fueron ejemplo de rectitud, hoy sean reconocidas por sus torcidos.
  • Hartos de que casi nada funcione.
  • Hartos de la delincuencia común y la organizada.
  • Hartos de la indiferencia de todos los gobiernos frente al avance del cambio climático.
  • Hartos de que la justicia no solo cojee sino que nunca llegue.
  • Hartos de que el país esté patasarriba y a nadie le importe.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

EL CLUB DE MISÁNTROPOS ABRE NUEVAS SEDES

EL CLUB DE MISÁNTROPOS ABRE NUEVAS SEDES

A pesar de que desde los albores de la humanidad la gran mayoría de personas, grupos, organizaciones, gobiernos y países, se han caracterizado por su propensión al salvajismo, crueldad, sadismo, falta de ética y obsesión por arrebatarle los bienes, tierras y la vida a los demás, hasta mediados del siglo pasado, el club de misántropos tenía muy pocos miembros reconocibles o como dicen hoy, contagiados identificados. Asintomáticos, tal vez millones.

Los misántropos famosos e indeseables eran una élite tan selecta como la de los sibaritas, ni siquiera alcanzaban para armar un equipo de fútbol. Según Ángels S. Amoros, “escritores como Emily Dickinson, Francisco de Quevedo, Jonathan Swift, Marcel Proust, Pío Baroja, H.P. Lovecraft o J.D. Salinger y personajes de ficción como Sherlock Holmes, Mr. Edward Hyde y Hannibal Lecter”. Misántropos todos, supuestamente, aborrecían al género humano.

Recuerdo que por dármelas de chistoso, alguna vez les comenté a unos colegas que yo estaba convencido de ser un misántropo. En parte era cierto. Las pocas personas que me caían bien las podía contar sobrándome dedos de la mano y ni siquiera me agradaban otros misántropos. Tal vez sí, Gregory House, aunque no todo el tiempo. En momentos de euforia llegué a pensar que Gilbert K. Chesterton, Road Dahl y Roberto Fontanarrosa, también fueron misántropos. Ojalá. Mis colegas tomaron distancia como si se tratara de un virus que podría contagiarles, pero era una preocupación innecesaria.

Para llegar a ser un buen misántropo, se requiere haber nacido con un don especial que solo le otorgan a una persona por cada 100.000. Es un don que permite detectar en segundos la estupidez, falsedad, malevolencia y mil facetas más que se esconden detrás de caras amables tipo recepción de hotel, sonrisas de taller de convivencia, saludos parroquiales y palmaditas hipócritas en la espalda, entre otros. Como el mundo se ha convertido en una inmensa fábrica de mentiras, engaños y manipulaciones, pensar y actuar como un misántropo puede ser una buena estrategia para no ser parte del rebaño.

El siglo 21 con su tecnología, inteligencia artificial y narcopolitización, propició el auge de una nueva generación de misántropos que no necesita el don con el que yo nací, sino simplemente tener un celular para navegar a sus anchas salpicando de odio las redes sociales. Ya no se trata de Paz y Amor, sino de Guerra y Odio. Una deprimente realidad.

El acelerado crecimiento de la insociabilidad con miles de millones de habitantes aislados en sus trincheras de concreto evitando a sus vecinos y familiares como si el verdadero virus fuera el ser humano, es uno de muchos ejemplos. La única posibilidad de interacción es a través de la Cajita Feliz y como ahora casi todas las relaciones sexuales son virtuales, el estado de frustración contenida viene aumentando como una gigantesca olla a presión a punto de explotar, de derramarse.

Los embarazos deseados y no deseados ya casi desaparecen. Los fabricantes de condones estarán pensando en cómo reinventarse. Gracias a las saludables medidas de confinamiento de los “abuelos” so pretexto del covid19, los gobiernos lograron reducir la población de los de la Rebelión de las Canas en un poco más de 800.000 abuelos a la fecha, aunque el 97% no los mató el coronavirus sino las enfermedades de siempre. No nacen niños, se mueren los abuelos, y el planeta le pertenece ahora a la franja de ciudadanos entre los veinte y cuarenta años principalmente. Tengo algunas dudas de si son dignos de confianza y como la mayoría sigue viviendo con sus padres, mantienen a sus papás en un estado de permanente paranoia mientras los padres les siguen manteniendo. Ya no es tan sorpresivo que el buen hijo favorito de mamá se haya transformado en un sicópata.

Yo creía que las redes sociales se habían convertido en los bares del 2020 pero cumplen muchas funciones más: muro de los lamentos, quejas, reclamos, rabietas, maldiciones, insultos y amenazas; campo de tejo, fritanguería sin fritanga, baño del Congreso sin papel higiénico, videoconfesionario de arrepentidos y cínicos, paredón donde se fusila a las personas por lo que sea, auditorio para los nuevos mil millones de filósofos,  pozo séptico de los partidos políticos, monte Gólgota digital lleno de Cristos y ladrones, y hasta altares satánicos online. Todo, en la Cajita Feliz.

Los misántropos de ficción no se quedan atrás y millones los siguen y les aman, tal vez por su ternura y sociabilidad: Bender Bending Rodríguez (Futurama), Sheldon Cooper (The Big Bang Theory), Rust Cohle (True Detective), y el favorito de los cuarentones: Charlie Harper (Charlie Sheen) del seriado “Two and a half men”, por citar algunos.

Así como los efectos del Cambio Climático son cada vez más extremos, la insociabilidad, -debería llamarse “insoci-habilidad”- se manifiesta en comportamientos cada vez más extremos

En revista Diners, Daniel Zamora al anunciar el estreno de “Escuadrón Suicida”, (DC Comics), toca el fenómeno de los antihéroes en su artículo: ¿Qué son los antihéroes y por qué están de moda?

De este artículo, extracto lo siguiente:  “…pero volvamos al antihéroe calculador que raya en lo malvado, cuya perversidad luce justificable y lleva al espectador a decir: Es un malo con razones y, sin saber claramente por qué, le hace fuerza para que todo le salga bien, algo así como lo que ocurre con Walter White, de Breaking Bad o Tony Soprano, de Los Soprano. https://revistadiners.com.co/tendencias/36446_los-antiheroes-estan-moda/

Y no hace falta investigar profundamente para encontrar cientos de razones adicionales que están propiciando una abundante cosecha de misántropos, en una sociedad en donde los malos son ahora los nuevos buenos.

Algunas razones que están inspirando la misantropía en el mundo entero y mucho más, en Locombia:

  • Posverdad: Cada vez es más difícil creer en algo. La verdad fue asesinada por la distorsión de la realidad. Es como estar tratando de comunicarse en Neolengua, el idioma de Oceanía, uno de los tres superestados en que está dividida la Tierra, cuyo gobernante es el Gran Hermano, según la novela distópica de George Orwell, 1984.
  • Pérdida de credibilidad de los Padres de la Patria: muy a pesar nuestro, los elegimos aunque sabíamos que ninguno era adecuado. Siempre hemos votado por el que nos parece “menos peor”. ¿Por qué repetimos una y otra vez semejante película tan mala?
  • Pésimos líderes que pelan el cobre inmediatamente son elegidos. Los “servidores públicos” son servidores solo de sus amigos y sus actos de corrupción son cada vez más públicos.
  • Institituciones totalmente desprestigiadas: familia, sistema educativo, organizaciones religiosas, el estado, poder judicial, partidos políticos, sindicatos.
  • ICETEX: ¿Debo explicarlo?
  • ODEBRECHT: ¿Ya vieron “El Mecanismo” en Netflix? 2 temporadas.
  • Narcodemocracia: ¿Hay dudas?
  • Covid19, OMS, Bill Gates, Fauci, vacunas obligatorias, conspiraciones eugenésicas.
  • Influencers: La apología del consumo en una de sus prácticas más prostituidas.
  • Sueldos de miseria, hambre, sometimiento e intimidación.
  • Senadores, congresistas, concejales, alcaldes, gobernadores, diputados, etc.

Podría seguir y la lista no terminaría. Los últimos veinte años han sido campo fértil para que los nacidos entre 1970 y 2000: cincuentones que se creen dueños del mundo, cuarentones y treintañeros que no encuentran su destino y veinteañeros que creen que se las saben todas, se hayan polarizado en dos bandos: 1. Todo va muy bien, sigue las reglas y lograrás tus metas. 2. El mundo da asco, la corrupción campea, no hay futuro. La mayoría hizo la transición de humanos buena gente que aman al prójimo a misántropos por convicción. La mal llamada tercera edad no es la mejor aliada de la misantropía, pero la sabiduría tampoco es práctica en esta época del patasarribismo.

POSTRE:

Del libro “Las Leyes de la Naturaleza Humana”, de Robert Greene. Saquen sus propias conclusiones.

  • La Ley de la Irracionalidad: Esta ley interpreta nuestro apego emocional a la toma de decisiones. En lugar de percibir el mundo por el lente de la racionalidad, tendemos a dirigirnos por las emociones como una forma de expresar nuestra consternación sobre los problemas que atraen nuestra atención.
  • La Ley de Simular: No necesitas que nadie te diga que a las personas les encanta ponerse máscaras, una para cada ocasión – metafóricamente hablando-. No obstante, ocasionalmente revelan sus verdaderas intenciones por varias señales no verbales tales como expresiones faciales, postura, gestos nerviosos, etcétera.
  • La Ley de la Avaricia: Es extraño pero, gusta más lo ajeno por ajeno que por bueno. La ilustración filosófica que demuestra por qué los seres humanos se esfuerzan por algo que se les está yendo de las manos.
  • La Ley de la Represión: Las personas no son lo que aparentan ser. Está en su naturaleza tratar y ocultar la oscuridad que predomina en su corazón. Antes de embarcarte en un viaje para observar la ignorancia en general, debes de volverte extremadamente consciente de tus turbios impulsos.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

 

 

EL NUEVO DESORDEN MUNDIAL

EL NUEVO DESORDEN MUNDIAL

Hasta hace algún tiempo, familiares míos, unos pocos amigos que aún no me han quitado el saludo, algunas exalumnas que todavía siguen fascinadas con mis aciertos astrológicos y uno que otro despistado de las redes sociales, me consideraban un conspiranoico. Tal vez lo era un poco, pero ya no, o mejor: ya hay demasiada competencia. Lo más conspiranoico que uno puede ser en la Era Covid19, es no serlo. La pandemia dejó al descubierto que ahora el 99% del planeta es conspiranoico. Lo peor: todos creen haber descubierto cuál es el Nuevo Orden Mundial.

Ordenemos el asunto:

Primero, ¿por qué insisten en llamarlo “orden”? Eso es un contrasentido. Si se trata de una “orden” que hay que obedecer, pues tal vez sí, ya que el rebaño de ovejas obedientes ha crecido; si se refieren a un ordenamiento, están locos. Nunca antes hubo tal desconcierto ni el mundo estuvo tan patasarribiado como ahora.

El Cambio climático, dejó de ser noticia, aunque sigue siendo una amenazante realidad, quizá más peligrosa que la DMS (Desorganización Mundial de la Salud) y menos lenta en reaccionar que la DND (Desorganización de Naciones Desunidas). El Racismo, unido a la intolerancia y políticas contra los inmigrantes, exacerbaron los odios como si no estuviéramos ya en el pico más alto. Hoy, el lenguaje global es el odio y la palabra “amor” comenzó a desaparecer hasta de las letras de las canciones, especialmente si se trata del reguetón. La pandemia, en seis meses ya deja más de 800.000 muertos en el mundo, de los cuales 175.000 los puso Estados Desunidos de América, tres veces más que las 57.000 bajas norteamericanas en la guerra de Vietnam, que luego de 20 años de horror, finalmente perdió, no sin antes dar de baja a más de 5 millones de vietnamitas. EUA mató más seres humanos, pero perdió la guerra o tal vez, perderla, era el objetivo. Por esta razón, no es aconsejable que EUA libre una guerra convencional contra la China. Serían más de 1.500 millones de chinos contra 330 millones de norteamericanos, con el agravante de que tal vez más de la mitad de los gringos enviados a disparar sean drogadictos, aunque si se trata de eliminar a los drogos rápido, puede ser una estrategia, así como el mundo se ha unido para hacer desaparecer a los viejos confinándolos y a los niños volviendo estériles a quienes querían ser papás. 

Los presidentes hijueputean a sus homólogos, se mientan la madre unos a otros delante de sus mamás y de millones. Sus alocuciones son más vistas en las plazas de mercado que cualquier reality y claramente superan en grosería y en lenguaje barriobajero a los honorables rusos que a punta de palustre están construyendo la nueva Colombia, paraíso terrenal en donde tenemos Premio Nobel de la Paz, pero seguimos en guerra.

Le dieron el Premio Nobel de Literatura al cantante folk-rock Bob Dylan por la poesía de sus canciones, pero gran parte del mundo prefiere escuchar reguetón y no quiere leer. Este año, Bad Bunny ganó el premio al mejor compositor del año. La letra de “Ella perrea sola” es una verdadera joya.

En Bogotá autorizan reabrir los bares pero sin venta de alcohol, así que las personas tendrán que prenderse con aguapanela y empanadas. En Cali autorizan la reapertura de 300 moteles y se llenan enseguida. No sé si con autorización a tener sexo o tan solo a saborear champús en privado. Solo hace falta que autoricen reabrir las piscinas sin derecho a meterse en el agua.

¿Hay luz al final del túnel? Difícil saberlo si estamos hablando del túnel de La Línea, que tras 15 años de construcción será una realidad el 4 de septiembre. (ElTiempo.com). No informaron de qué año.

 Aunque la idea me parece divertida, dudo que haya un grupito de viejos “illuminatis” –palabra que significa iluminados-, hipermegaultramillonarios bien conservados a sus noventa y pico de años, que se reúnen cada seis meses con unas modelos treintañeras que simulan tomar notas como si fueran secretarias, aunque en verdad no las invitan para eso, y si es para lo otro, ese grupito de viejitos ya estaría muerto. Creo que esos Illiminatis ahora se reúnen con sus esposas, sin secretarias. No los puedo imaginar, bueno sí, solo en parte, definiendo el “Nuevo Orden Mundial” en el decimoséptimo sótano de una isla secreta tipo bunker que no ha sido descubierta por ningún satélite, aunque claro, probablemente los satélites son de ellos.

Este Nuevo Orden Mundial está en la boca de todos y tiene nombre propio. Incluso tiene género. No lo digo de manera más explícita por puro sentido de conservación o supervivencia, como algunos dirían.

Podría seguir enumerando decenas de conspiraciones más que hoy son tema de las tertulias con las que las damas más prestantes de la sociedad “tardean” saboreando chocolate caliente, pandebonos, almojábanas y queso, o según sea la región y el estrato, las aguapanelas con calaos o los “calentaos” y las aguas aromáticas frutos rojos con una ramita de yerbabuena. Todas estas damas, sin haberse puesto de acuerdo, están redefiniendo las nuevas reglas que nos regirán, el “Nuevo Orden Mundial”, puesto que es más que evidente que los hombres fracasamos de manera vergonzosa, contundente y casi que apocalíptica, en el intento de manejar de manera ordenada el mundo y el resultado fue el Pandemonium que estamos sufriendo todos por igual.

No hace falta analizar el Nuevo Orden Mundial con pensamiento crítico ni con modelos matemáticos muy complicados de explicar aquí. Sí, el Nuevo Orden Mundial ya se debate en peluquerías, salas de belleza, restaurantes caseros “corrientazos”, novenas on-line y sesiones de yoga telepáticas. Comenzó de manera inocente y hasta juguetona cuando Cristina Kirchner le solicitó a un senador llamarla “presidenta” y no “presidente”. La RAE le dio la razón a Cristina. Llegó el uso y el abuso y la gran mayoría decidió seguir lo ordenado por la RAE de manera obediente u obedienta y ahora los políticos y congregaciones religiosas buscan donantes y donantas. Ya hay un proyecto en marcha para abolir el Padre Nuestro y reemplazarlo por la Madre Perfecta. Las señoras paisas reunieron un fondo bastante atractivo para la Curia, para que “el pan nuestro de cada día” sea reemplazado por la arepa.

POSTRE

¿Y qué hacemos los hombres mientras todo este desorden se está tomando el planeta a sus espaldas? Nada. Sí, nada.

  • Somos ahora, oficialmente, el sexo débil, los ineptos, los holgazanes, descerebrados y casi que un error de la naturaleza. Somos una masa oscura y silenciosa que deambula por los rincones de nuestras moradas, sabiendo en secreto que las verdaderas dueñas de este planeta están durmiendo al lado nuestro.
  • La mujer es ahora la presidenta, ama y señora del Nuevo Orden Mundial. Y créanme: es una señal esperanzadora. Si siempre han manejado a los que manejan el mundo, es más práctico que lo manejen todo ellas y dejen a los pobres hombres llorar en paz.
  • Para distraer mi mente de este escenario, he vuelto a leer los cuentos de Rafael Pombo y les confieso: he encontrado paz y algo de alegría.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

Una prostituta llamada reputación

Una prostituta llamada reputación

Según un estudio de la Universidad de Harvard, la profesión más antigua del mundo comenzó a ser ejercida hace dos millones de años, desde cuando el hombre evolucionó a Homo erectus: Cocinero.

En otras palabras, cuando nuestros antepasados lograron ponerse de pie y caminar derechos, primero quisieron saciar el hambre y pagaron a algún cocinero para que les preparara pierna de dinosaurio al ajillo con finas hierbas, antes que se les ocurriera pagar por satisfacer su curiosidad por tener sexo “out of home”.

La condición de erectus del hombre en esa época, no tenía que ver con la situación opuesta que hoy supuestamente soluciona el Viagra, sino porque ya caminaba erguido sobre sus pies, digna posición que en los siguientes años se fue degradando debido, entre varias razones, a que el Homo Sapiens decidió arrodillarse varias horas al día para pedir perdón o venerar a los dioses o clamar ayuda para vencer las tentaciones, incluyendo por supuesto, sus ganas de ir a los prostíbulos, de donde salía con una poco convincente sonrisa de satisfacción, sin dinero, con nuevos motivos para seguir pidiendo perdón arrodillado y las rodillas más inflamadas. También contribuyeron a que el Homo sapiens dejara de caminar erguido el tener que agachar la cabeza 48 o más horas a la semana sentado frente a un escritorio y su obsesiva dependencia con los celulares y tabletas. El ser humano es ahora una rara especie que podría llamarse Homo si gibbus, algo así como Hombre Jorobado. Así, cada vez será más complicado levantar cabeza.

La prostitución ha sido condenada desde mucho antes que existieran las manzanas, por diversos sectores de la sociedad y desde los púlpitos y las trincheras feministas han intentado abolirla sin conseguirlo, pero sí empeorando el estigma. Esta persecución sin pies ni cabeza les ha quitado mercado a los prostíbulos y ha favorecido el auge de las amantes, práctica adoptada por los hombres como lo más normal para que a sus esposas se les quitara el eterno dolor de cabeza. Gracias a las amantes, el hombre invierte cada vez menos dinero en el mercado familiar y más en alquiler de carros ostentosos, perfumes, ropa interior femenina copiada a Victoria´s Secret, Viagra y restaurantes de fritanga gourmet. Con la pandemia y el distanciamiento social, la prostitución presencial pareciera estar en riesgo de desaparecer, aunque como el reinventarse está de moda, la prostitución virtual está en su cuarto de hora: sin besos, sin fluidos compartidos, sin enfermedades de transmisión sexual, sin dinero en efectivo. En su cuarto y de verdad, sin sexo.

Aunque se siga creyendo que la prostitución es la profesión más antigua del mundo, prostituirse tal vez sea una actividad mucho más antigua y a la vez, la más moderna y lucrativa de las profesiones.

Google define “prostituirse”, así: a) Mantener relaciones sexuales a cambio de dinero. b) Hacer un uso deshonroso de un cargo, autoridad, etc., generalmente para obtener dinero u otro beneficio. Cuando se le pregunta a Google por la palabra “reputación”, estas son las dos respuestas más frecuentes: : 1. Opinión, idea o concepto que la gente tiene sobre una persona o una cosa. “Llegó a gozar de cierta reputación entre el público” 2. Opinión positiva que mucha gente tiene sobre una persona o una cosa por sus buenas cualidades. “Es un vino con bastante reputación”.

El mundo está patasarriba, lo que es blanco es negro y muchas cosas ahora significan lo contrario a lo que originalmente describían. Por ejemplo, la palabra “Reputación” ya casi no se usa como una opinión positiva, a excepción de que se trate de una opinión positiva para calificar algo negativo: “El Dr. “…”  tiene la reputación de ser el más inteligente de todos los corruptos”.    Además, la palabra Reputación contiene la palabra “puta”, un ejemplo más de esas irónicas y traviesas jugadas del lenguaje en que lo absurdo y opuesto resulta ser lo más lógico en la práctica. Así que sin haberse pensado de esta manera, la palabra “reputación” nació prostituida en su sonoridad con el estruendoso vocablo “puta” dentro y como en una escena divertida del planeta Distopía, los ciudadanos e instituciones más llamados a mantener su reputación intachable, no solo no lo consiguen sino que son los que más se han prostituido y ganado a puro pulso su merecida reputación.

Aquí, tres prostitutas que día a día aumentan su reputación, ya no caminan erguidas por estar retorcidas, arrodilladas, compradas y sobornadas, y están contaminando con sus ETS (Enfermedades de Transmisión Social) a todo el planeta:

  1. La Justicia. Simbolizada por una hermosa y calculadora mujer que mantiene los ojos vendados para hacerse la de la vista gorda ante las miles de situaciones en que ni obra, ni juzga, irrespeta la verdad y no hace cumplir las leyes. Sostiene una balanza y no hay certeza de si en sus platillos hay oro en polvo o cocaína. Su prontuario ocupa más de 115 millones de hectáreas, que equivalen a la superficie entera de Colombia, área más grande que la superficie de Suiza, en donde tienen sus cuentas bancarias los dictadores, expresidentes y otros personajes similares de probada reputación, todos del selecto círculo de amigos de la Justicia. Ladrones de cuello blanco que se han apoderado de 400.000 millones o más, tienen la casa, o la finca o Colombia entera por cárcel y desgraciados que robaron seis buñuelos están pagando seis años en prisiones de alta seguridad. Moraleja: En Colombia, los buñuelos son más importantes que la Virgen de Chiquinquirá.  Quienes prefieren la versión idealista de la Justicia, hay películas muy entretenidas, entre ellas, La Liga de la Justicia o clásicos como Batman, el Caballero de la noche, en donde un vil criminal apodado Batman que vive rodeado de lujos y mimado por un mayordomo, le declara la guerra a un ejemplar ciudadano conocido como El Guasón.
  1. La Industria Farmacéutica. Es como una familia de esas que posa sonriente para una fotografía que luego será ampliada y convertida en un mural imposible de ignorar por los visitantes que llegan al palacio; pero de puertas para dentro, sus integrantes son mentes perversas y retorcidas sedientas de poder, dinero y deseos de explotar ad infinitum la obsesión por la salud que se convirtió de manera forzada en la moda del siglo 21, debido precisamente a que la humanidad vive enferma. La industria farmacéutica tiene dos caras: una benevola muy parecida a la de la Madre Sor Teresa de Calcuta, con la que cura algunas enfermedades no inventadas por esta industria, y la otra cara, muy parecida a como uno se imagina que es la de un Illuminati, con la que desarrolla millones de vacunas para enfermedades desconocidas para todo el mundo menos para ellos. Originalmente creada para velar por la salud de millones de personas, cuando el dinero comenzó a dar órdenes, la industria farmacéutica perdió su norte, se contagió de la obsesión por la riqueza, hizo alianzas con millones de batas blancas que hicieron el Juramento Hipocrático de manera hipócrita y más reciéntemente con la OMS (Organización de Mentes Satánicas). Si usamos la lógica, a quien produce medicinas no le conviene que la gente recupere la salud porque las dejaría de comprar, así como a quienes fabrican armas no les conviene que haya paz sino guerras, y a quienes quieren manipular la mente de las personas les conviene que estas no piensen. Todos estos vergonzosos actores alrededor de la industria farmacéutica, sirvieron de inspiración a quien creó el recordado refrán de “peor el remedio que la enfermedad”.
  1. El Estado. Históricamente, el “Estado” siempre ha sido una distopía instaurada gracias a los votos de millones con un pensamiento utópico colectivo. Votamos para que gobiernen a favor del bienestar del pueblo y que haya progreso, pero es lo que menos hace “El Estado” en la práctica. Si cumpliera honestamente las promesas y planes que se compromete a desarrollar, el mundo entero sería un paraíso y no la Corruptela que hoy genera el caos en casi todos los países. Irónicamente, la palabra “Estado” viene del latín Status, y este del verbo stare (estar parado), pero en verdad, los Estados con toda la burocracia que los caracteriza, han estado miles de años arrodillados ante quienes tienen más poder que ellos, usualmente unas personas “invisibles”.

POSTRE:

En mi listado de prostitutas estaba LA VERDAD en el primer lugar, pero lo que se ha hecho con este concepto tan importante en nuestras vidas es tan aberrante, asqueroso y enfermizo, que decidí dejarlo para una nueva entrada. Cada quien tiene su propia lista de prostitutas. Unas con más reputación que otras. Cuando se han vivido muchos años, la lista es más extensa, el sabor más amargo y las ganas de expresar el repudio son más fuertes.

  1. Tal vez, hastiado de todas las mentiras y la corrupción disfrazada de santidad que caracteriza a una organización que lo ha obsesionado durante gran parte de su vida, Fernando Vallejo, escribió su reconocida obra, “La Puta de Babilonia”. Respeto y no me entrometo en las opiniones, sean a favor o en contra.
  2. Transcribo directamente parte de lo escrito en la pestaña de la portada del libro “Decir No no Basta” de Naomi Klein, autora de No Logo y La Doctrina del Shock: “… para generar una crisis tras otra, se están utilizando tácticas de shock diseñadas para forzar políticas que arruinan a la gente, el medio ambiente, la economía y nuestra seguridad”.
  3. “¡Del Putas!”: Excelente, espectacular, genial. ¿Otra travesura del lenguaje?

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

Los y las EX: ¿echarlos de menos o echarlos tres veces más?

Los y las EX: ¿echarlos de menos o echarlos tres veces más?

Así como el movimiento LGTBIQ salió del closet y ya casi se apodera del mundo, la mayoría de los y las EX que salieron por la puerta de atrás y no propiamente por la de la cocina, han decidido hacerse presentes de manera más persistente e invasiva en las vidas de sus respectivos EX que cuando ejercían como parejas. Es como si alguien que muriera, y cuya defunción trajo paz a quien se mudó al más allá y a quienes lo sepultaron, mantuviera de manera unilateral una sospechosa visibilidad, tomando como pretexto un “acompañamiento no solicitado” por su EX mutando en una sombra pegajosa que se arrastra aferrada a la vida de quien le cortó los servicios, a pesar de que ya no se le quiere ver y muchas veces ni siquiera mencionar. Los y las EX, son el “invitado indeseable” que hace su aparición sonriente, como si nada, cuando nadie le está esperando. Y no es que sigan apegados a su EX, sino que su ego sigue sangrando.

Algunos y algunas EX, son mejores personas como EX que lo que fueron como parejas oficiales, señal inequívoca de que realmente nunca debieron haberse convertido en algo formal. Así como unos pocos expresidentes solo son tolerables cuando terminan su periodo, y otros, abusando de su condición de EX, se convierten en un lastre que es imposible quitarse de encima. Colombia, por ejemplo. Y no es de ahora, así ha sido siempre

Los y las EX siguen presentes en los chats de sus exparejas, son tal vez los más comunicativos preguntando pendejadas sin importancia denotando una morbosa preocupación por su Ex ocupándole buena parte de los minutos.

Si hay hijos, peor. Los y las EX tienen derechos como padres o madres, que, o se les reconocen y los cumplen a las buenas o se convierten en un sustancioso ingreso para los abogados. Tienen días y horas en los que deben hacerse cargo de sus hijos y curiosamente pasan a ser padres o madres modelos de perfección, aunque cuando lo deberían haber hecho antes de separarse, brillaron por su ausencia, indiferencia y muchas veces, irresponsabilidad.

En un abrir y cerrar de ojos, los y las EX, pasan de ser unos cretinos a ser personas virtuosas. Hay que admitir que ser un o una EX hoy cuesta mucho más dinero que ser la pareja oficial de quien sea, no solo en dinero sino también en tiempo. Y no tanto porque la ropa, celulares, viajes, antojos de todo tipo, idas a restaurantes y hasta los helados cuesten. Es que su condición de EX los hace víctimas ideales a explotar no solo por su expareja sino también por sus hijos, que manipulan a su antojo las debilidades afectivas de sus padres separados, y los manipulan por separado, como es obvio. Separarse es como una maldición moderna, porque es casi imposible que su expareja se haga a un lado de verdad y no siga incomodando.

Los EX y las EX dejan de ser vistos como prospectos ideales por personas que están a la búsqueda de pareja, porque cargan con el karma de unos ingresos disminuidos al tener que ser repartidos entre demasiadas bocas

Algunos EX que antes eran vistos como millonarios y estereotipos progresistas de vida en ascenso, cuando adquieren su condición de EX, pasan automáticamente a ser unos pobres separados que dan lástima y lo único que logran levantar son comentarios perversos y poco comprensivos con su a veces, lamentable condición humana. Por fortuna, hay excepciones, y literalmente, “por fortuna” como lo es el caso de Jeff Bezos, cuyo divorcio costó US$35.000 millones, tajada muy sustanciosa que convirtió a MacKenzie, la ex de Bezos, en la segunda mujer más rica del planeta.

Jeff Bezos es no solo el hombre más rico del mundo sino también de la historia, uno de los tres centibillonarios del mundo junto con Bill Gates y Mark Zuckerberg, y a estos dos, los duplica en su fortuna. Bezos, Gates y Zuckerberg, siguen siendo los grandes beneficiados de la pandemia. El covid19 los ha hecho más ricos en cientos de millones de dólares. Centibillonario es una persona que posee una fortuna superior a los 100 billones de dólares.

Aterrizando nuevamente a nuestra humilde realidad, también los y las EX, suelen ser lucrativos negocios para los abogados, psicoanalistas, prostíbulos, gigolós y atractivas estafadoras tan expertas como las rusas cazadoras de viejitos calientes o divorciados invisibles, unas y otras saben cómo desplumar a un nuevo miembro del club de corazones solitarios en busca de compañía, mientras le quede algo de dinero. Los gigolós frecuentan los restaurantes e iglesias, aunque su lugar predilecto de conquista son los gimnasios en donde sus prospectos a estafar están tratando de bajar de peso mientras ellos están calculando cómo ganar unos buenos pesos consolando a las EX.

A diferencia de la recién ganada santidad de algunos de los anteriores ejemplos de sufridos EX, los exnovios y exnovias o explan minutos semanales o exsexo casual sin compromisos o expaño de lágrimas con derechos a sexo, pasan a ser una auténtica pesadilla al terminar sus relaciones porque deciden exprimir en serio a sus ex y adquirida su condición oficial de EX, por arte de magia todas las virtudes que los hicieron atractivos e irresistibles en su fugaz momento, quedan reducidas a “una amarga y dolorosa experiencia que me enseñó a pesar de…”; fueron muy interesantes, casi amor a primera vista, intensos y controladores después de un par de meses, detestables y en algunos casos sicópatas impredecibles a partir del tercer mes, e irónicamente, cuando inevitablemente aparecen las nuevas experiencias de sus exparejas, estos y estas EX comienzan a ser añorados, a ser vistos como un mal menos tortuoso que la nueva pareja, algo así como comenzar a echar de menos la visita al dentista. No tengo claro si estas prácticas encajan en lo que Robert Greene llama la “Ley del comportamiento compulsivo” o la “Ley del autosabotaje”, o tienen de la una y la otra, pero para el psicoanálisis es masoquismo y sadismo. Lo primero requiere de lo segundo, se necesitan. Masoquista que se respete, no es” feliz” sin un sádico que le amargue la vida.

Hablando de masoquismo, los que pertenecemos a la generación de los Baby Boomers, -nacidos entre 1935 y 1960- fuimos malcriados con reglas diferentes. Los más afortunados nos creímos aquello de que el matrimonio es hasta la muerte y decidimos enfrentar el desafío, pero hay quienes afirman que gracias al lobby de algunas parejas muy posesivas, este plazo se amplió hasta el “más allá”, con lo cual, por agradable que sea el cielo en que se esté perdiendo el tiempo, y por llevadera que haya sido la pareja en vida, estar “viviendo” en el más allá con ella o él, después de la muerte, podría convertirse en un purgatorio eterno.

Los Baby boomers no tuvimos que lidiar con eso de los EX y las EX, -no sé si es un alivio o una manera de pagar los pecados en vida-, y cuando vemos a nuestros hijos sufrir, gozar, reír, maldecir, equivocarse una y otra vez y hasta repetir los fracasos añorando a sus EX, les damos una palmadita de consuelo, mientras pensamos en voz baja si fracasamos estruendosamente como padres o si nuestros hijos nacieron con menos neuronas que la gente normal, aunque en verdad lo que sucede es que ningún consejo, por sabio que sea, le gana a unas hormonas alborotadas.

El gigantesco club de los y las EX crece día a día en el mundo entero y más rápido que las cifras infladas de la OMS sobre los “reales” contagios y muertes por covid19. El mercado del “usado” crece a velocidades vertiginosas mientras que las parejas potenciales sin vínculos anteriores que les aten al pasado parecen ser una especie en vías de extinción.

 

POSTRE

  • Hay que tener en cuenta que las mujeres se casan o se van a vivir con un hombre esperando que este cambie, pero los hombres no cambiamos. Las mujeres nos conocen siendo inmaduros y seguimos siendo así toda la vida. Mientras haya fútbol y amigos, madurar es casi imposible. 
  • Los hombres nos casamos o vamos a vivir con una mujer esperando que ella nunca cambie, y ¡cambian muchísimo! Se vuelven tan irreconocibles que a veces pedimos que nos las presenten en plena cena familiar.
  • Cambian tanto las mujeres -en casos excepcionales para bien-, que transcurridos dos a cinco años, es como si los extraterrestres hubiesen raptado a la mujer con quien vivimos y en su cuerpo hubieran trasplantado a uno de esos seres reptilianos de los que hablan las teorías conspirativas.
  • Tal vez esta sea la verdadera invasión alienígena que viene ocurriendo desde hace años y sin saberlo, millones de hombres estamos durmiendo con unos seres que todavía desconocemos, que nos leen el pensamiento y prohíben todo lo que nos hace felices,  pero adicionalmente, se están apoderando del planeta disputándoselo a los del movimiento LGTBIQ, quizá como infiltrados, y tal vez no sea ciencia ficción. 

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

Quemando los últimos cartuchos

Quemando los últimos cartuchos

Desde la época en que las guerras se libraban disparando cartuchos de pólvora, se estableció la idea de “quemar los últimos cartuchos” haciendo referencia a esa situación desesperada en que un soldado luchaba por su vida disparando lo último que le quedaba de munición, algo que desde la mitad del siglo 20 no tiene nada que ver con ese tipo de guerras y en 2020, sigue asociándose con los ancianos que están ya en la recta final o recogiendo sus pasos y en otros contextos más extraños, algunos de ellos divertidos.

Por ejemplo, adolescentes como yo que estamos en la tercera pubertad y hemos llegado a esa edad en que nuestro ángel de la guarda está pidiendo vacaciones con la excusa de estar agotado,  -sin desagradecer las innumerables ocasiones en que me salvó a tiempo de estupideces, insolencias, desatinos y sandeces, y en otras felizmente lo permitió-, esos muchachos como yo, algunas veces, somos etiquetados como personas que están quemando sus últimos cartuchos. Puede ser, dependiendo del tipo de cartuchos que estemos hablando.

También están las personas que no fueron favorecidas en el reparto de carisma, atracción, inteligencia y belleza; reparto poco equitativo que hace la Madre Naturaleza y son consideradas casi desde su nacimiento como feas o gordas o desagradables o aborrecibles, y eso que casi todos los bebés son bonitos o al menos igual de feos. Pasan los años y esas desdichadas personas no logran tener amigos ni conseguir pareja aunque anuncien en medio de un coctel que ganaron millones de dólares en una lotería o que heredaron de un tío desconocido una mina de diamantes, o que simplemente den a conocer que patrocinarán los sueños de algún galán o seductora que se le quiera medir al desafío de pasar con él o ella, no digamos que el resto de sus vidas porque eso da miedo, pero sí, al menos los siguientes seis meses y que están recibiendo hojas de vida; sí, esas personas hiperintensas están casi que rogando ser amadas y se comportan todo el tiempo como si estuvieran quemando sus “últimos cartuchos”, tengan la edad que tengan. Esas personas no tienen ángel, tal vez son algo raras para el resto de la humanidad. Ni siquiera el diablo se ve tentado.

¿Cuántos personajes ha conocido que solo tienen amigos temporales mientras pagan los tragos de todos? ¿O esas personas que ni con recomendaciones políticas o eclasiásticas consiguen trabajo porque su presencia dañaría la imagen de la empresa o distraería excesivamente al personal? ¿O quienes no consiguen ser notados por los meseros y por obvias razones nunca son atendidos en un restaurante o nadie les cede una silla en el transporte público aunque parezcan embarazadas?

Todas estas personas al querer solucionar sus vacíos, luchando por salir de su invisibilidad, son un peligro potencial en todas estas situaciones porque tratarán a toda costa de quemar sus “últimos cartuchos”, aferrándose desesperadamente a lo que esté a la mano, aunque sea a una escoba, o al celador del edificio o al mecánico que les revisó la bicicleta o al vendedor que les dijo que la ropa que se midieron les queda muy bien.

Vivir en modo “quema de últimos cartuchos” es como estar en un permanente incendio sin control con una botella de gasolina en las manos.

Pero todo ha cambiado drásticamente desde comienzos del siglo 21. Tal vez resulta caricaturesco conocer personas que se supone tienen un garaje completo repleto de cartuchos que nunca han tenido que quemar, comportándose como si estuvieran al borde de las necesidades insatisfechas, “quemando sus últimos cartuchos”.

En mi época, si una persona pasados los 20 años seguía soltera o viviendo en el Hotel Mamá, se decía iba para solterón o solterona o que le tocaría “vestir santos”, es decir, dedicarse al noble oficio de monja o sacerdote, o en el peor de los casos, se ponía en duda su orientación sexual y el complejo de Edipo o de Electra, eran temas de tertulias e incluso, las sospechas sobre incesto, eran lo más normal en las familias “normales”, las que ahora llaman “disfuncionales” o familias Simpson, es decir el 90%.

Ahora, pasados los 20 años de edad, la cosa pinta muy diferente.

La tecnología, globalización y especialmente la proliferación de orientaciones sexuales sumada al “yo no tengo que sostener a nadie por el resto de mi vida”, lograron que a esas personas que llegaron a los 20 años, les dieran tiempo extra, dos tiempos suplementarios de 15 años cada uno, como si se tratara de partidos del Mundial de fútbol y la generación de los Baby Boomers “premió” a sus hijos, con 30 años más, -acuérdense, hoy todo es con premios, si no, no funciona-, es decir, ahora pueden comenzar a pensar que son solterones o que van a vestir santos, si llegan a los 50 solos o solas, aunque lleven ya 20 años o más en ese estado. Y con más ventajas: nadie le presta atención a la orientación sexual de nadie y tal vez lo más extraño hoy es cuando alguien conoce a una persona tan anticuada que le confiesa ser heterosexual.

Y es aquí donde comienza el desmadre de la nueva ola de los últimos cartuchos: Hombres que podrían fácilmente levantarse, perdón, “conquistar”  a la mujer que les dé la gana, o al hombre, si fuera el caso, están llegando a los 35, 40, 45 y de ahí en adelante, con la amarga y urgente sensación de que se quedaron solos, -a pesar de que la gran mayoría siguen viviendo con mamá y papá, aunque para ellos, estos dos seres invisibles no son compañía sino los dueños de los muebles de la casa que ellos usan y que si son persistentes, heredarán-; mujeres no solo atractivas sino talentosas, en situaciones similares aunque tal vez más deprimentes, porque si hay algo deprimente es ver la implorante necesidad de amor, afecto o sexo, pintada en la cara bonita de una mujer. Mientras más muestran las ganas, más son rechazadas, y admitámoslo: tiene algo de lógica porque nadie quiere enredarse, perdón, relacionarse, con una mujer muy atractiva que tiene necesidades tan urgentes sin satisfacer, ya que esto, por definición, resulta ser muy sospechoso. Por algo dicen: la suerte de la fea, la bonita la desea.

 

POSTRE

  • El doloroso estado de “quemar los últimos cartuchos” no tiene edad, ni sexo, ni nacionalidad, ni estado civil, ni profesión. Es una época desdichada en la vida de muchos, más deprimente que la “Friend Zone”, porque en esta al menos alguien te quiere aunque a ti esa persona te importe un carajo.
  • En la zona de los “últimos cartuchos” hay desesperación, hambre, deseos indeseables, fantasías fuera de tiempo que nunca se cumplirán, no hay sueños sino desvelos, insomnio permanente y un deseo constante de darlo todo sin que nadie lo quiera recibir.
  • Es como si a Drácula lo hubieran condenado a estar todo el tiempo con un collar de ajos frescos colgado al cuello, soportando grandes dolores, mientras las personas con el tipo de sangre más delicioso, lo evitan a toda costa y hasta lo ignoran.
  • En mi garaje mental y en plena tercera pubertad, veo que tengo todavía un buen arsenal de cartuchos intactos en buen estado y no tengo ni afán ni ganas ni necesidad de quemarlos, aunque créanme, si pudiera, los cedería a las personas que más los necesitan.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

¿La Cajita de la Felicidad?

¿La Cajita de la Felicidad?

Pasar de un mundo analógico a un mundo virtual que interactúa simultáneamente con el analógico, nos hizo creer que nuestro universo personal, familiar y empresarial se expandiría hasta el infinito. Algo parecido a lo que ocurre con nuestras mentes, que en la medida en que les damos más uso y las llenamos de más información y experiencias, su expansión crece y crece, aunque sigue ocupando los mismos pequeños límites físicos del cráneo.

En sus primeras décadas, esta interacción entre lo real y lo virtual, produjo resultados extraordinarios, tal vez asombrosos y a la vez perturbadores; aceleró el desarrollo del ser humano en muchas y diversas áreas. Sin esa virtualización, el mundo de hoy seguiría siendo una aldea medieval poblada por millones de personas menos inteligentes que las mascotas de esta época, las cuales en varios sentidos, ya superan a sus amos; soñar con llegar a la Luna seguiría siendo algo utópico. Hoy ya se está hablando de que el próximo paso será viajar de la Luna a Marte para dejarle a unos zombies más voraces que los de The Walking Dead, lo que quede del planeta Tierra después de que termine la pandemia, si es que termina algún día o si antes ella resuelve terminar con todos nosotros.

La disrupción de las redes sociales redujo las distancias entre millones de personas. 

Hoy es más rápido y efectivo whatsappear que intentar dialogar con alguien que tenemos al frente mientras desayunamos.

Hoy es más rápido y efectivo whatsappear que intentar dialogar con alguien que tenemos al frente mientras desayunamos. En esos 7 x 12 centímetros caben ahora miles de millones de vidas ficticias que parecen reales, millones de fotografías retocadas, noticias falsas que parecen reales, millones de empresas legales e ilegales.

También, las teorías científicas más respetables y las conspiraciones más diabólicas, religiones, gobiernos, países, organizaciones mundiales y hasta lo más decadente de la Humanidad; también caben ahí la biblioteca más grande del planeta Tierra y los perfiles de 2.500 millones de usuarios de las redes sociales de nuestro mundo; escogemos entre los miles de millones de vídeos lo que se nos antoje, bien sea para aprender algo, distraernos o perder el tiempo; podemos ver los más recientes vídeos de los gatos, los de las bodas inolvidables en las que alguien levanta la mano para oponerse a que la pareja se case, o los de los goles que no logró convertir Messi o los vídeos caseros cuasi pornográficos que ahora se convirtieron en negocios familiares gracias a la pandemia; miles de horas de publicidad invasiva y cuadriculada que evitamos como si fuera la peste, y publicamos lo que nos venga en gana, -lo cual muchas veces resulta repugnante y depresivo-, y gracias a esa caja de 7 x 12, nos enteramos al instante de casi todo lo que sucede en el planeta, aunque muchas veces quisiéramos que nuestros amigos conspiranoicos nos cuenten tarde sobre cuáles son las últimas medidas que tomaron los CEO del Nuevo Orden Mundial sobre su proyecto de reducir la población mundial a solo 500 millones de personas obligando al resto del planeta a dejarse vacunar. No deja de ser irónico pensar qué van a hacer con tanto dinero en un mundo tan desolado.

Esa cajita de 7 x 12 centímetros gobierna hoy nuestras vidas. Y no es una democracia. Es una dictadura.

Somos amigos virtuales de 1.500 extraños que parecen seres humanos y hasta tienen fotos de sus día a día en nuestros perfiles en Facebook, pero evitamos interactuar con los 4 o 5 seres físicos reales con quienes compartimos nuestro hábitat.

Es más tranquilizador hacer las compras basados en las recomendaciones que algunos seres imaginarios dejaron consignadas en la cajita de 7 x 12, que hacerlas guiándonos por nuestro sentido común o el de nuestros familiares o amigos reales.

Millones se visten y desvisten cada día para tomarse fotos o grabar vídeos y subirlos a la cajita de 7 x 12, esperando ansiosos aprobación masiva en forma de likes que valide su percepción de ser personas atractivas o muy cool o que les confirmen que existen, ya que tienen la oscura sensación de haberse vuelto invisibles para sus familiares cuando realmente es lo contrario.

En la cajita de 7 x 12, hay códigos rebaño que condicionan lo que se puede postear o no se debe y aunque la mayoría de usuarios los conocen, sucede lo mismo que con los mandamientos. Los más jóvenes viven su día a día entre la vida y la muerte, pendientes de los Me Gusta y cuando estos no llegan, pero sí las mezquinas críticas de los francotiradores virtuales que inundan de odio todo el espacio virtual, algunos llegan a considerar que el suicidio sería una buena opción. Y es mejor que no pregunten en las redes sociales si cometen suicidio, porque con seguridad recibirán muchísimos likes.

Millones de empresas tienen páginas web ofreciendo sus servicios; páginas que también luchan por ser notadas en esta cajita y se valen de todas las estrategias que los gurúes del marketing digital les venden. Nada fácil, porque la competencia es el mundo entero y ese mundo entero, también está dentro de esa misma cajita y, por si fuera poco, la saturación virtual y el síndrome de la distracción, ayudan a que la mayor parte de lo que se anuncie en la cajita de 7 x 12, se olvide segundos después de haber sido visto.

Uno se pregunta hasta cuándo será el reinado de la cajita de 7 x 12. Antes de la pandemia, la cajita ya reinaba con miles de millones de esclavos y ahora en plena pandemia, la cajita parece una prótesis adherida a nuestras manos y es casi imposible quitar los ojos de ella. Es una obsesión, pero como todo en la vida, tal vez la cajita también forme parte de una ola de esas que van creciendo y creciendo, y que cuando se llega a la cresta, viene la caída.

 

POSTRE

  • El ser humano se ha especializado en crear cajas para todo. El universo creado por el hombre es rectangular, por eso vivimos en un mundo cuadriculado. Observen sus viviendas, las puertas, ventanas, baldosas, televisores, cocinas, camas, mesas, y en general casi todo lo que el hombre ha construido y comprobarán que son cajas, incluida por supuesto, la caja esa a la que nadie quiere llegar, pero que nos espera pacientemente, a todos.
  • Pareciera que nos gusta llevarle la contraria a la Creación. El Universo es circular, los planetas son grandes esferas, las galaxias son espirales bellísimas, y en general la curva es la firma del Creador.
  • Tal vez Antoni Gaudí y otros artistas más, son la excepción. Gaudí le regaló a Barcelona su arquitectura distintiva. Alguna vez un empresario me preguntó por qué los publicistas vivíamos tan obsesionados por las curvas de la mujer. Le respondí: Son para romper con la monotonía visual de los rectángulos en que su publicidad será vista. No me creyó, pero tampoco estuvo de acuerdo en retirar a las modelos de su publicidad.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

70 años después de “1984”, el amor renace más claustrofóbico

70 años después de “1984”, el amor renace más claustrofóbico

Cientos de expertos están de acuerdo en que lo narrado en 1984, es ahora una apestosa realidad. El libro es algo deprimente, literariamente bien escrito, muy creativo, y creo que su gran valor radica en haberse anticipado 70 o más años a lo que hoy estamos viviendo.

Cuando se anunció que Trump ganó la presidencia de Estados Unidos, 1984 se puso de moda. Se vendieron miles de ejemplares. El Gran Hermano había llegado con todo su poder, crueldad y estupidez. George Orwell lo escribió en 1934 y lo publicó el 8 de junio de 1949.

Ustedes decidirán si lo leen. Puede que ya lo hayan leído. Yo, me centraré en algo paralelo, inspirado en 1984.

No envidio para nada a Winston Smith, el protagonista de 1984. No solo tuvo que soportar la agobiante pesadez de sentirse eternamente vigilado por el Gran Hermano, sino que cuando sintió el llamado del amor y siguió sus instintos, terminó odiando la única posibilidad que le quedaba de sentirse como un ser humano.

Algo parecido y no por ello menos frustrante, pasa en nuestros días.

¿Por qué resulta tan complicado y riesgoso dar y recibir amor?

¿Por qué lo máximo que se alcanzó a experimentar antes del Coronavirus y en tantos encuentros casuales, fue la innegable realidad de que millones de personas estaban compartiendo una inmensa soledad que se escondía detrás de la compra o trueque de minutos de las vidas de unos y otros, y que lo poco gratificante que les quedó fueron unas sesiones mecánicas de insípido placer físico o pretenciosamente intelectual, en pareja o en grupos, organizados por una App de las tantas que rigen sus vidas?

La Telepantalla a través de la cual “Big Brother” vigilaba cada gesto de Winston era tan opresiva, que encontrar un lugar para evitarla era prácticamente imposible. Y en medio de tanta limitación, sucedió lo impensable: Winston se enamoró. Y, tal vez, se enamoraron de él, a pesar de las diferencias de edad, a pesar de que Winston ya era un precoz vejestorio de 39 años y de que era lo más lejano a lo que hoy, irónicamente, es un candidato ideal, es decir un Youtuber, o cantante de Reguetón o político en ascenso con un excelente prontuario o un corrupto profesional.

Llegó una pandemia y ahora sí que parece más difícil pensar en el amor. Del “All you need is love” pasamos al “All you need is health”. Por algo se ha dicho: Salud, dinero y amor. ¿Para que te amen debes verte saludable y tener una saludable chequera? No es cierto del todo, aunque la salud es un buen comienzo.

El comportamiento del ser humano tiene momentos que son predecibles, por ello existe eso de “la prohibición causa el apetito” o como leí en alguna parte “algunos de los mejores momentos de la vida, son los que no puedes contarle a nadie”.

Hablar del amor en medio de la pandemia da como para escribir un libro. Es probable que el obligatorio distanciamiento social le esté dando un inusitado protagonismo al romancismo que se respira en interminables mensajes por whasapp o quizá, si terminara algún día el confinamiento, nos daremos cuenta que no solo murieron millones de personas sino también que murió el amor.

Ya no es tan sencillo hablar del amor a primera vista aunque es posible enamorarse de una imagen en una pantalla, para eso hemos sido entrenados por las redes sociales. Llegar a la tranquilizadora sensación del apego no es probable en medio del confinamiento, ya que según Helen Fisher, neurobióloga y antropóloga, el apego tarda en promedio diecisiete meses en revelarse como una verdad basada en el conocimiento de la otra persona, en su validación con sus pros y contras; el apego es real aunque no parezca tan emocionante como el amor a primera vista, el cual suele ser efímero y fantasioso en muchas ocasiones, y tal vez por esta razón cuando le preguntaron a un Casanova sobre el amor eterno dijo:  “El amor eterno dura tres meses”.

Con amor definido o por definir, no se preocupen. El amor siempre se las arregla para llegar, así sea a través de la telepantallita que ahora gobierna nuestras vidas. Curiosamente, lo preocupante no es si llegará, sino que llegue. El amor, en cualquiera de sus múltiples facetas: a primera vista, romántico o con apego,  trastornará sus vidas como lo está haciendo el Covid19, ojalá que sea para bien, aunque no se puede descartar que también sea para poner las cosas patasarriba.

Tal vez Cupido ya esté volando feliz y despreocupado con la dirección de algunos de ustedes, en sus manos. Ojalá que en el intento de llegar a sus hogares, no lo confundan con un murciélago y termine aplastado por un periódico de los que existían antes de la pandemia. Sería más irónico que sucediera esto precisamente en la página donde se anuncian los sex-shops y gurúes de esos que aseguran hacer regresar al ser amado en 72 horas.

Qué días tan extraños, ¿cierto? Sospecho que los creadores de covid19 contrataron a un libretista de los que trabajaron en los episodios de Black Mirror.

 

POSTRE:

  1. No busques el amor. La mejor manera de encontrar es no buscar. Deja que te encuentren, pero eso sí, tampoco te escondas y nunca, nunca, muestres la urgencia de ser amada(o) porque eso ahuyenta. Las personas más amadas son aquellas a las que precisamente parece que les sobra el amor. La vida no es justa.
  2. Ábrele las puertas de tu vida a la serendipia, esos hallazgos afortunados, sorpresivos e inesperados que suceden cuando estás buscando cosas distintas. Cuando suceda, la sentirás como una epifanía, como una manifestación que hará que el tiempo se detenga por un instante. Es como una iluminación.
  3. Conviértete en un imán. Hay muchas maneras de llamar la atención, más allá de lo físico. Según mi mamá, yo fui el patito feo de la familia desde muy joven, así que tuve que echar mano de mi sentido del humor, desarrollé mis habilidades comunicativas y sin proponérmelo, tal vez me convertí en un feo interesante o divertido o muy buen conversador. Por falta de amor, nunca me he tenido que quejar.
  4. Tal como si fueras una marca de esas que son amadas, debes evocar Sensualidad, Misterio e Intimidad.
  5. Los seres humanos somos adictos a la sorpresa: nunca te des a conocer 100% como un libro abierto y si decides ser un libro, que sea de suspenso.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

Serendipia

Serendipia

A todos nos visita, a unos rara vez, a otros muy seguido. Según Google: un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual, o cuando se está buscando una cosa distinta.

Esa reconfortante sensación de encontrar algo que no sabíamos que necesitábamos y que por tanto no estaba siendo buscado, pero que cuando aparece es una revelación tan mágica que hasta nos puede cambiar la vida, o cuando comprendemos en un instante y al 100% algo que siempre nos resultó confuso, y que sucede justo cuando se estaba pensando en otra cosa, o quizá ese momento en que estando buscando las llaves, se nos aparece como salida de la nada la foto que dábamos por perdida y que al verla de nuevo nos reconecta con un hecho que en segundos se hace esclarecedor pero que cuando ocurrió pasó desapercibido. Eso y mucho más es Serendipity.

A VECES CREO QUE ASÍ DEBERÍA FUNCIONAR EL MUNDO

O tal vez así funciona pero somos nosotros los que a punta de racionalidad excesiva ponemos patasarriba lo que es mágico.

Si quienes estén deseando fervientemente encontrar a alguien y se sienten solos o solas, comprendieran en un instante de iluminación que aunque en el pasado estuvieron muy acompañados realmente estaban solos y que al menos por ahora, lo deseable sería tener algo de soledad para encontrarse consigo mismos, bienvenida la serendipia.

Que quienes no saben qué hacer con los 60 minutos de cada hora de las 24 de cada día, encontrarán una razón sin buscarla que les diera tal impulso, que 60 minutos se les fueran volando como si fueran cinco. Serendipia. Que quienes se pierden consumiendo alcohol u otros vicios para conocer los horrores del infierno en vida, tuvieran un rapto mágico que los pusiera de frente con su yo espiritual que les ayudara a construir su propio cielo. Serendipia. Que quienes estén buscando lo que no se les ha perdido, encuentren en un instante la Caja de Pandora que estuvo todo el tiempo frente a sus ojos. Serendipia.

No siempre pasa así. Durante años, las gafas de Nubia, mi esposa, “se han extraviado” y parecen tener la extraña manía de esconderse en los sitios más imprevistos. Luego de una rigurosa investigación, Quino, el papá de Mafalda, nos dio la solución en una de sus caricaturas: existen los gnomos “oculta gafas, llaves, documentos”, que disfrutan encondiendo todo. Asunto resuelto. Estamos pagando una cuota mensual a la Asociación de Gnomos y ya no se han vuelto a “desaparecer” las gafas de mi esposa.

GRACIAS AL CONFINAMIENTO, LA SERENDIPIA ESTÁ HACIENDO DE LAS SUYAS

Hace unos días, luego de más de siete años consagrados a estudiar la publicidad, de enseñarla en universidades y de ejercerla en Toronto, Nubia Patricia, una de mis hijas,  encontró sin querer, que puede hacer papas fritas con pimienta y no se qué más, con un sabor y textura que envidiarían las marcas más Gourmet de la categoría. Hallazgos inesperados propiciados por el hambre.

Una mañana de un sábado o domingo cualquiera de finales de 1973, salí con un amigo a jugar fútbol en una cancha que había cerca de mi casa. Al regresar sudados y sucios, nos detuvimos frente a una sala de belleza que estaba abierta. Una jovencita muy atractiva de no más de 16 años con el cabello pintado de rubio, su mamá y unas clientas, nos miraron como si fuéramos la peste. Para salir del aprieto pregunté si cortaban el cabello a los hombres. La semana siguiente después del fútbol, fui a que me hicieran corte de cabello. Tuve que soportar la cantaleta de una de las clientas que allí estaba, hablando maravillas del novio de la jovencita tinturada, el cual, según la clienta, era el hombre ideal para cualquier mujer, un militar en ascenso con un futuro prometedor, “un buen partido” como se decía en esa época, alguien totalmente opuesto a quien yo era: un melenudo que armado con un pincel quería cambiar el mundo haciendo arte y jugando dos o tres partidos de fútbol a la semana. Era, tal vez, el peor partido imaginable. A la jovencita en cuestión, mi amigo y yo la comenzamos a llamar “La Francesita”. 47 años después: 4 hijos y 4 nietos. Sí, con la jovencita de cabello rubio, quien hoy es mi esposa, a la que los gnomos le escondían las gafas.

SALI A JUGAR FÚTBOL Y ENCONTRÉ ESPOSA

Un militar fue reemplazado por un aspirante a artista. Y nadie estaba buscando nada. Era inmensamente feliz con mi soltería y demasiado irresponsable para pensar en cosas de gente seria. Además, con el paso de los años, “La Francesita” se convirtió en fanática del idioma francés, es más, de todo lo que tuviera que ver con Francia. Ese fanatismo se desvaneció un poco cuando fuimos a Paris. Y no fue por los franceses, ya que en Paris cada vez hay menos franceses.

Curiosamente y por allá a comienzos del siglo 21, mi esposa abrió sala de belleza. Nuestras hijas ya habían crecido y venían aprendiendo con lo cual podían ayudar en algunos trabajos propios de este oficio. En una ocasión, entró un joven ejecutivo preguntando si hacían cortes de cabello o arreglo de uñas a los hombres. No recuerdo si salió trasquilado. Tiempo después se casó con mi hija mayor. Crearon una empresa de riesgos empresariales. Se separaron. Ahora hay otros riesgos. ¿Qué tendrán las salas de belleza?

Si retroceden la película, es seguro que encontrarán múltiples serendipias. Unas muy buenas, otras no tanto. Solo hay que saber observar, aprender a conectar todo, porque las serendipias suceden más cuando se comprende que las casualidades casi siempre llegan porque en realidad son causalidades.

POSTRE: 

 

  • Pon en práctica la 1ª Ley de Sood de Las leyes de Murphy: Cuando una persona emprende una tarea, la intervención inconsciente de otra presencia (animada o inanimada) desbaratará sus planes. Sin embargo, algunas tareas se pueden terminar debido a que esa presencia que interviene también está realizando una tarea y, evidentemente, también puede ser objeto de interferencias ajenas. Algunas personas llaman a esto psicología a la inversa.
  • Mientras más racional sea tu sistema de vida, tanto por el tipo de trabajo o por tu vida familiar, el entorno cotidiano, las diversas programaciones que te aferran a una rutina -las cuales son necesarias y a veces limitantes-, o sencillamente porque eres una persona poco inclinada a las manifestaciones subjetivas de la vida, más necesitas abrirle la puerta a la serendipia. Esto significa comenzar a practicar el arte de lo impredecible, el juego de lo mágico, así como lo hiciste siendo niño. Piensa que si hubiera una manera de explicar racionalmente el significado de los sueños, ya no serían tan atractivos, pero resulta curioso que tal como los soñamos casi siempre son poco lógicos.

 

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños. 

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