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Una prostituta llamada reputación

Una prostituta llamada reputación

Según un estudio de la Universidad de Harvard, la profesión más antigua del mundo comenzó a ser ejercida hace dos millones de años, desde cuando el hombre evolucionó a Homo erectus: Cocinero.

En otras palabras, cuando nuestros antepasados lograron ponerse de pie y caminar derechos, primero quisieron saciar el hambre y pagaron a algún cocinero para que les preparara pierna de dinosaurio al ajillo con finas hierbas, antes que se les ocurriera pagar por satisfacer su curiosidad por tener sexo “out of home”.

La condición de erectus del hombre en esa época, no tenía que ver con la situación opuesta que hoy supuestamente soluciona el Viagra, sino porque ya caminaba erguido sobre sus pies, digna posición que en los siguientes años se fue degradando debido, entre varias razones, a que el Homo Sapiens decidió arrodillarse varias horas al día para pedir perdón o venerar a los dioses o clamar ayuda para vencer las tentaciones, incluyendo por supuesto, sus ganas de ir a los prostíbulos, de donde salía con una poco convincente sonrisa de satisfacción, sin dinero, con nuevos motivos para seguir pidiendo perdón arrodillado y las rodillas más inflamadas. También contribuyeron a que el Homo sapiens dejara de caminar erguido el tener que agachar la cabeza 48 o más horas a la semana sentado frente a un escritorio y su obsesiva dependencia con los celulares y tabletas. El ser humano es ahora una rara especie que podría llamarse Homo si gibbus, algo así como Hombre Jorobado. Así, cada vez será más complicado levantar cabeza.

La prostitución ha sido condenada desde mucho antes que existieran las manzanas, por diversos sectores de la sociedad y desde los púlpitos y las trincheras feministas han intentado abolirla sin conseguirlo, pero sí empeorando el estigma. Esta persecución sin pies ni cabeza les ha quitado mercado a los prostíbulos y ha favorecido el auge de las amantes, práctica adoptada por los hombres como lo más normal para que a sus esposas se les quitara el eterno dolor de cabeza. Gracias a las amantes, el hombre invierte cada vez menos dinero en el mercado familiar y más en alquiler de carros ostentosos, perfumes, ropa interior femenina copiada a Victoria´s Secret, Viagra y restaurantes de fritanga gourmet. Con la pandemia y el distanciamiento social, la prostitución presencial pareciera estar en riesgo de desaparecer, aunque como el reinventarse está de moda, la prostitución virtual está en su cuarto de hora: sin besos, sin fluidos compartidos, sin enfermedades de transmisión sexual, sin dinero en efectivo. En su cuarto y de verdad, sin sexo.

Aunque se siga creyendo que la prostitución es la profesión más antigua del mundo, prostituirse tal vez sea una actividad mucho más antigua y a la vez, la más moderna y lucrativa de las profesiones.

Google define “prostituirse”, así: a) Mantener relaciones sexuales a cambio de dinero. b) Hacer un uso deshonroso de un cargo, autoridad, etc., generalmente para obtener dinero u otro beneficio. Cuando se le pregunta a Google por la palabra “reputación”, estas son las dos respuestas más frecuentes: : 1. Opinión, idea o concepto que la gente tiene sobre una persona o una cosa. “Llegó a gozar de cierta reputación entre el público” 2. Opinión positiva que mucha gente tiene sobre una persona o una cosa por sus buenas cualidades. “Es un vino con bastante reputación”.

El mundo está patasarriba, lo que es blanco es negro y muchas cosas ahora significan lo contrario a lo que originalmente describían. Por ejemplo, la palabra “Reputación” ya casi no se usa como una opinión positiva, a excepción de que se trate de una opinión positiva para calificar algo negativo: “El Dr. “…”  tiene la reputación de ser el más inteligente de todos los corruptos”.    Además, la palabra Reputación contiene la palabra “puta”, un ejemplo más de esas irónicas y traviesas jugadas del lenguaje en que lo absurdo y opuesto resulta ser lo más lógico en la práctica. Así que sin haberse pensado de esta manera, la palabra “reputación” nació prostituida en su sonoridad con el estruendoso vocablo “puta” dentro y como en una escena divertida del planeta Distopía, los ciudadanos e instituciones más llamados a mantener su reputación intachable, no solo no lo consiguen sino que son los que más se han prostituido y ganado a puro pulso su merecida reputación.

Aquí, tres prostitutas que día a día aumentan su reputación, ya no caminan erguidas por estar retorcidas, arrodilladas, compradas y sobornadas, y están contaminando con sus ETS (Enfermedades de Transmisión Social) a todo el planeta:

  1. La Justicia. Simbolizada por una hermosa y calculadora mujer que mantiene los ojos vendados para hacerse la de la vista gorda ante las miles de situaciones en que ni obra, ni juzga, irrespeta la verdad y no hace cumplir las leyes. Sostiene una balanza y no hay certeza de si en sus platillos hay oro en polvo o cocaína. Su prontuario ocupa más de 115 millones de hectáreas, que equivalen a la superficie entera de Colombia, área más grande que la superficie de Suiza, en donde tienen sus cuentas bancarias los dictadores, expresidentes y otros personajes similares de probada reputación, todos del selecto círculo de amigos de la Justicia. Ladrones de cuello blanco que se han apoderado de 400.000 millones o más, tienen la casa, o la finca o Colombia entera por cárcel y desgraciados que robaron seis buñuelos están pagando seis años en prisiones de alta seguridad. Moraleja: En Colombia, los buñuelos son más importantes que la Virgen de Chiquinquirá.  Quienes prefieren la versión idealista de la Justicia, hay películas muy entretenidas, entre ellas, La Liga de la Justicia o clásicos como Batman, el Caballero de la noche, en donde un vil criminal apodado Batman que vive rodeado de lujos y mimado por un mayordomo, le declara la guerra a un ejemplar ciudadano conocido como El Guasón.
  1. La Industria Farmacéutica. Es como una familia de esas que posa sonriente para una fotografía que luego será ampliada y convertida en un mural imposible de ignorar por los visitantes que llegan al palacio; pero de puertas para dentro, sus integrantes son mentes perversas y retorcidas sedientas de poder, dinero y deseos de explotar ad infinitum la obsesión por la salud que se convirtió de manera forzada en la moda del siglo 21, debido precisamente a que la humanidad vive enferma. La industria farmacéutica tiene dos caras: una benevola muy parecida a la de la Madre Sor Teresa de Calcuta, con la que cura algunas enfermedades no inventadas por esta industria, y la otra cara, muy parecida a como uno se imagina que es la de un Illuminati, con la que desarrolla millones de vacunas para enfermedades desconocidas para todo el mundo menos para ellos. Originalmente creada para velar por la salud de millones de personas, cuando el dinero comenzó a dar órdenes, la industria farmacéutica perdió su norte, se contagió de la obsesión por la riqueza, hizo alianzas con millones de batas blancas que hicieron el Juramento Hipocrático de manera hipócrita y más reciéntemente con la OMS (Organización de Mentes Satánicas). Si usamos la lógica, a quien produce medicinas no le conviene que la gente recupere la salud porque las dejaría de comprar, así como a quienes fabrican armas no les conviene que haya paz sino guerras, y a quienes quieren manipular la mente de las personas les conviene que estas no piensen. Todos estos vergonzosos actores alrededor de la industria farmacéutica, sirvieron de inspiración a quien creó el recordado refrán de “peor el remedio que la enfermedad”.
  1. El Estado. Históricamente, el “Estado” siempre ha sido una distopía instaurada gracias a los votos de millones con un pensamiento utópico colectivo. Votamos para que gobiernen a favor del bienestar del pueblo y que haya progreso, pero es lo que menos hace “El Estado” en la práctica. Si cumpliera honestamente las promesas y planes que se compromete a desarrollar, el mundo entero sería un paraíso y no la Corruptela que hoy genera el caos en casi todos los países. Irónicamente, la palabra “Estado” viene del latín Status, y este del verbo stare (estar parado), pero en verdad, los Estados con toda la burocracia que los caracteriza, han estado miles de años arrodillados ante quienes tienen más poder que ellos, usualmente unas personas “invisibles”.

POSTRE:

En mi listado de prostitutas estaba LA VERDAD en el primer lugar, pero lo que se ha hecho con este concepto tan importante en nuestras vidas es tan aberrante, asqueroso y enfermizo, que decidí dejarlo para una nueva entrada. Cada quien tiene su propia lista de prostitutas. Unas con más reputación que otras. Cuando se han vivido muchos años, la lista es más extensa, el sabor más amargo y las ganas de expresar el repudio son más fuertes.

  1. Tal vez, hastiado de todas las mentiras y la corrupción disfrazada de santidad que caracteriza a una organización que lo ha obsesionado durante gran parte de su vida, Fernando Vallejo, escribió su reconocida obra, “La Puta de Babilonia”. Respeto y no me entrometo en las opiniones, sean a favor o en contra.
  2. Transcribo directamente parte de lo escrito en la pestaña de la portada del libro “Decir No no Basta” de Naomi Klein, autora de No Logo y La Doctrina del Shock: “… para generar una crisis tras otra, se están utilizando tácticas de shock diseñadas para forzar políticas que arruinan a la gente, el medio ambiente, la economía y nuestra seguridad”.
  3. “¡Del Putas!”: Excelente, espectacular, genial. ¿Otra travesura del lenguaje?

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

Los y las EX: ¿echarlos de menos o echarlos tres veces más?

Los y las EX: ¿echarlos de menos o echarlos tres veces más?

Así como el movimiento LGTBIQ salió del closet y ya casi se apodera del mundo, la mayoría de los y las EX que salieron por la puerta de atrás y no propiamente por la de la cocina, han decidido hacerse presentes de manera más persistente e invasiva en las vidas de sus respectivos EX que cuando ejercían como parejas. Es como si alguien que muriera, y cuya defunción trajo paz a quien se mudó al más allá y a quienes lo sepultaron, mantuviera de manera unilateral una sospechosa visibilidad, tomando como pretexto un “acompañamiento no solicitado” por su EX mutando en una sombra pegajosa que se arrastra aferrada a la vida de quien le cortó los servicios, a pesar de que ya no se le quiere ver y muchas veces ni siquiera mencionar. Los y las EX, son el “invitado indeseable” que hace su aparición sonriente, como si nada, cuando nadie le está esperando. Y no es que sigan apegados a su EX, sino que su ego sigue sangrando.

Algunos y algunas EX, son mejores personas como EX que lo que fueron como parejas oficiales, señal inequívoca de que realmente nunca debieron haberse convertido en algo formal. Así como unos pocos expresidentes solo son tolerables cuando terminan su periodo, y otros, abusando de su condición de EX, se convierten en un lastre que es imposible quitarse de encima. Colombia, por ejemplo. Y no es de ahora, así ha sido siempre

Los y las EX siguen presentes en los chats de sus exparejas, son tal vez los más comunicativos preguntando pendejadas sin importancia denotando una morbosa preocupación por su Ex ocupándole buena parte de los minutos.

Si hay hijos, peor. Los y las EX tienen derechos como padres o madres, que, o se les reconocen y los cumplen a las buenas o se convierten en un sustancioso ingreso para los abogados. Tienen días y horas en los que deben hacerse cargo de sus hijos y curiosamente pasan a ser padres o madres modelos de perfección, aunque cuando lo deberían haber hecho antes de separarse, brillaron por su ausencia, indiferencia y muchas veces, irresponsabilidad.

En un abrir y cerrar de ojos, los y las EX, pasan de ser unos cretinos a ser personas virtuosas. Hay que admitir que ser un o una EX hoy cuesta mucho más dinero que ser la pareja oficial de quien sea, no solo en dinero sino también en tiempo. Y no tanto porque la ropa, celulares, viajes, antojos de todo tipo, idas a restaurantes y hasta los helados cuesten. Es que su condición de EX los hace víctimas ideales a explotar no solo por su expareja sino también por sus hijos, que manipulan a su antojo las debilidades afectivas de sus padres separados, y los manipulan por separado, como es obvio. Separarse es como una maldición moderna, porque es casi imposible que su expareja se haga a un lado de verdad y no siga incomodando.

Los EX y las EX dejan de ser vistos como prospectos ideales por personas que están a la búsqueda de pareja, porque cargan con el karma de unos ingresos disminuidos al tener que ser repartidos entre demasiadas bocas

Algunos EX que antes eran vistos como millonarios y estereotipos progresistas de vida en ascenso, cuando adquieren su condición de EX, pasan automáticamente a ser unos pobres separados que dan lástima y lo único que logran levantar son comentarios perversos y poco comprensivos con su a veces, lamentable condición humana. Por fortuna, hay excepciones, y literalmente, “por fortuna” como lo es el caso de Jeff Bezos, cuyo divorcio costó US$35.000 millones, tajada muy sustanciosa que convirtió a MacKenzie, la ex de Bezos, en la segunda mujer más rica del planeta.

Jeff Bezos es no solo el hombre más rico del mundo sino también de la historia, uno de los tres centibillonarios del mundo junto con Bill Gates y Mark Zuckerberg, y a estos dos, los duplica en su fortuna. Bezos, Gates y Zuckerberg, siguen siendo los grandes beneficiados de la pandemia. El covid19 los ha hecho más ricos en cientos de millones de dólares. Centibillonario es una persona que posee una fortuna superior a los 100 billones de dólares.

Aterrizando nuevamente a nuestra humilde realidad, también los y las EX, suelen ser lucrativos negocios para los abogados, psicoanalistas, prostíbulos, gigolós y atractivas estafadoras tan expertas como las rusas cazadoras de viejitos calientes o divorciados invisibles, unas y otras saben cómo desplumar a un nuevo miembro del club de corazones solitarios en busca de compañía, mientras le quede algo de dinero. Los gigolós frecuentan los restaurantes e iglesias, aunque su lugar predilecto de conquista son los gimnasios en donde sus prospectos a estafar están tratando de bajar de peso mientras ellos están calculando cómo ganar unos buenos pesos consolando a las EX.

A diferencia de la recién ganada santidad de algunos de los anteriores ejemplos de sufridos EX, los exnovios y exnovias o explan minutos semanales o exsexo casual sin compromisos o expaño de lágrimas con derechos a sexo, pasan a ser una auténtica pesadilla al terminar sus relaciones porque deciden exprimir en serio a sus ex y adquirida su condición oficial de EX, por arte de magia todas las virtudes que los hicieron atractivos e irresistibles en su fugaz momento, quedan reducidas a “una amarga y dolorosa experiencia que me enseñó a pesar de…”; fueron muy interesantes, casi amor a primera vista, intensos y controladores después de un par de meses, detestables y en algunos casos sicópatas impredecibles a partir del tercer mes, e irónicamente, cuando inevitablemente aparecen las nuevas experiencias de sus exparejas, estos y estas EX comienzan a ser añorados, a ser vistos como un mal menos tortuoso que la nueva pareja, algo así como comenzar a echar de menos la visita al dentista. No tengo claro si estas prácticas encajan en lo que Robert Greene llama la “Ley del comportamiento compulsivo” o la “Ley del autosabotaje”, o tienen de la una y la otra, pero para el psicoanálisis es masoquismo y sadismo. Lo primero requiere de lo segundo, se necesitan. Masoquista que se respete, no es” feliz” sin un sádico que le amargue la vida.

Hablando de masoquismo, los que pertenecemos a la generación de los Baby Boomers, -nacidos entre 1935 y 1960- fuimos malcriados con reglas diferentes. Los más afortunados nos creímos aquello de que el matrimonio es hasta la muerte y decidimos enfrentar el desafío, pero hay quienes afirman que gracias al lobby de algunas parejas muy posesivas, este plazo se amplió hasta el “más allá”, con lo cual, por agradable que sea el cielo en que se esté perdiendo el tiempo, y por llevadera que haya sido la pareja en vida, estar “viviendo” en el más allá con ella o él, después de la muerte, podría convertirse en un purgatorio eterno.

Los Baby boomers no tuvimos que lidiar con eso de los EX y las EX, -no sé si es un alivio o una manera de pagar los pecados en vida-, y cuando vemos a nuestros hijos sufrir, gozar, reír, maldecir, equivocarse una y otra vez y hasta repetir los fracasos añorando a sus EX, les damos una palmadita de consuelo, mientras pensamos en voz baja si fracasamos estruendosamente como padres o si nuestros hijos nacieron con menos neuronas que la gente normal, aunque en verdad lo que sucede es que ningún consejo, por sabio que sea, le gana a unas hormonas alborotadas.

El gigantesco club de los y las EX crece día a día en el mundo entero y más rápido que las cifras infladas de la OMS sobre los “reales” contagios y muertes por covid19. El mercado del “usado” crece a velocidades vertiginosas mientras que las parejas potenciales sin vínculos anteriores que les aten al pasado parecen ser una especie en vías de extinción.

 

POSTRE

  • Hay que tener en cuenta que las mujeres se casan o se van a vivir con un hombre esperando que este cambie, pero los hombres no cambiamos. Las mujeres nos conocen siendo inmaduros y seguimos siendo así toda la vida. Mientras haya fútbol y amigos, madurar es casi imposible. 
  • Los hombres nos casamos o vamos a vivir con una mujer esperando que ella nunca cambie, y ¡cambian muchísimo! Se vuelven tan irreconocibles que a veces pedimos que nos las presenten en plena cena familiar.
  • Cambian tanto las mujeres -en casos excepcionales para bien-, que transcurridos dos a cinco años, es como si los extraterrestres hubiesen raptado a la mujer con quien vivimos y en su cuerpo hubieran trasplantado a uno de esos seres reptilianos de los que hablan las teorías conspirativas.
  • Tal vez esta sea la verdadera invasión alienígena que viene ocurriendo desde hace años y sin saberlo, millones de hombres estamos durmiendo con unos seres que todavía desconocemos, que nos leen el pensamiento y prohíben todo lo que nos hace felices,  pero adicionalmente, se están apoderando del planeta disputándoselo a los del movimiento LGTBIQ, quizá como infiltrados, y tal vez no sea ciencia ficción. 

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

Quemando los últimos cartuchos

Quemando los últimos cartuchos

Desde la época en que las guerras se libraban disparando cartuchos de pólvora, se estableció la idea de “quemar los últimos cartuchos” haciendo referencia a esa situación desesperada en que un soldado luchaba por su vida disparando lo último que le quedaba de munición, algo que desde la mitad del siglo 20 no tiene nada que ver con ese tipo de guerras y en 2020, sigue asociándose con los ancianos que están ya en la recta final o recogiendo sus pasos y en otros contextos más extraños, algunos de ellos divertidos.

Por ejemplo, adolescentes como yo que estamos en la tercera pubertad y hemos llegado a esa edad en que nuestro ángel de la guarda está pidiendo vacaciones con la excusa de estar agotado,  -sin desagradecer las innumerables ocasiones en que me salvó a tiempo de estupideces, insolencias, desatinos y sandeces, y en otras felizmente lo permitió-, esos muchachos como yo, algunas veces, somos etiquetados como personas que están quemando sus últimos cartuchos. Puede ser, dependiendo del tipo de cartuchos que estemos hablando.

También están las personas que no fueron favorecidas en el reparto de carisma, atracción, inteligencia y belleza; reparto poco equitativo que hace la Madre Naturaleza y son consideradas casi desde su nacimiento como feas o gordas o desagradables o aborrecibles, y eso que casi todos los bebés son bonitos o al menos igual de feos. Pasan los años y esas desdichadas personas no logran tener amigos ni conseguir pareja aunque anuncien en medio de un coctel que ganaron millones de dólares en una lotería o que heredaron de un tío desconocido una mina de diamantes, o que simplemente den a conocer que patrocinarán los sueños de algún galán o seductora que se le quiera medir al desafío de pasar con él o ella, no digamos que el resto de sus vidas porque eso da miedo, pero sí, al menos los siguientes seis meses y que están recibiendo hojas de vida; sí, esas personas hiperintensas están casi que rogando ser amadas y se comportan todo el tiempo como si estuvieran quemando sus “últimos cartuchos”, tengan la edad que tengan. Esas personas no tienen ángel, tal vez son algo raras para el resto de la humanidad. Ni siquiera el diablo se ve tentado.

¿Cuántos personajes ha conocido que solo tienen amigos temporales mientras pagan los tragos de todos? ¿O esas personas que ni con recomendaciones políticas o eclasiásticas consiguen trabajo porque su presencia dañaría la imagen de la empresa o distraería excesivamente al personal? ¿O quienes no consiguen ser notados por los meseros y por obvias razones nunca son atendidos en un restaurante o nadie les cede una silla en el transporte público aunque parezcan embarazadas?

Todas estas personas al querer solucionar sus vacíos, luchando por salir de su invisibilidad, son un peligro potencial en todas estas situaciones porque tratarán a toda costa de quemar sus “últimos cartuchos”, aferrándose desesperadamente a lo que esté a la mano, aunque sea a una escoba, o al celador del edificio o al mecánico que les revisó la bicicleta o al vendedor que les dijo que la ropa que se midieron les queda muy bien.

Vivir en modo “quema de últimos cartuchos” es como estar en un permanente incendio sin control con una botella de gasolina en las manos.

Pero todo ha cambiado drásticamente desde comienzos del siglo 21. Tal vez resulta caricaturesco conocer personas que se supone tienen un garaje completo repleto de cartuchos que nunca han tenido que quemar, comportándose como si estuvieran al borde de las necesidades insatisfechas, “quemando sus últimos cartuchos”.

En mi época, si una persona pasados los 20 años seguía soltera o viviendo en el Hotel Mamá, se decía iba para solterón o solterona o que le tocaría “vestir santos”, es decir, dedicarse al noble oficio de monja o sacerdote, o en el peor de los casos, se ponía en duda su orientación sexual y el complejo de Edipo o de Electra, eran temas de tertulias e incluso, las sospechas sobre incesto, eran lo más normal en las familias “normales”, las que ahora llaman “disfuncionales” o familias Simpson, es decir el 90%.

Ahora, pasados los 20 años de edad, la cosa pinta muy diferente.

La tecnología, globalización y especialmente la proliferación de orientaciones sexuales sumada al “yo no tengo que sostener a nadie por el resto de mi vida”, lograron que a esas personas que llegaron a los 20 años, les dieran tiempo extra, dos tiempos suplementarios de 15 años cada uno, como si se tratara de partidos del Mundial de fútbol y la generación de los Baby Boomers “premió” a sus hijos, con 30 años más, -acuérdense, hoy todo es con premios, si no, no funciona-, es decir, ahora pueden comenzar a pensar que son solterones o que van a vestir santos, si llegan a los 50 solos o solas, aunque lleven ya 20 años o más en ese estado. Y con más ventajas: nadie le presta atención a la orientación sexual de nadie y tal vez lo más extraño hoy es cuando alguien conoce a una persona tan anticuada que le confiesa ser heterosexual.

Y es aquí donde comienza el desmadre de la nueva ola de los últimos cartuchos: Hombres que podrían fácilmente levantarse, perdón, “conquistar”  a la mujer que les dé la gana, o al hombre, si fuera el caso, están llegando a los 35, 40, 45 y de ahí en adelante, con la amarga y urgente sensación de que se quedaron solos, -a pesar de que la gran mayoría siguen viviendo con mamá y papá, aunque para ellos, estos dos seres invisibles no son compañía sino los dueños de los muebles de la casa que ellos usan y que si son persistentes, heredarán-; mujeres no solo atractivas sino talentosas, en situaciones similares aunque tal vez más deprimentes, porque si hay algo deprimente es ver la implorante necesidad de amor, afecto o sexo, pintada en la cara bonita de una mujer. Mientras más muestran las ganas, más son rechazadas, y admitámoslo: tiene algo de lógica porque nadie quiere enredarse, perdón, relacionarse, con una mujer muy atractiva que tiene necesidades tan urgentes sin satisfacer, ya que esto, por definición, resulta ser muy sospechoso. Por algo dicen: la suerte de la fea, la bonita la desea.

 

POSTRE

  • El doloroso estado de “quemar los últimos cartuchos” no tiene edad, ni sexo, ni nacionalidad, ni estado civil, ni profesión. Es una época desdichada en la vida de muchos, más deprimente que la “Friend Zone”, porque en esta al menos alguien te quiere aunque a ti esa persona te importe un carajo.
  • En la zona de los “últimos cartuchos” hay desesperación, hambre, deseos indeseables, fantasías fuera de tiempo que nunca se cumplirán, no hay sueños sino desvelos, insomnio permanente y un deseo constante de darlo todo sin que nadie lo quiera recibir.
  • Es como si a Drácula lo hubieran condenado a estar todo el tiempo con un collar de ajos frescos colgado al cuello, soportando grandes dolores, mientras las personas con el tipo de sangre más delicioso, lo evitan a toda costa y hasta lo ignoran.
  • En mi garaje mental y en plena tercera pubertad, veo que tengo todavía un buen arsenal de cartuchos intactos en buen estado y no tengo ni afán ni ganas ni necesidad de quemarlos, aunque créanme, si pudiera, los cedería a las personas que más los necesitan.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

¿La Cajita de la Felicidad?

¿La Cajita de la Felicidad?

Pasar de un mundo analógico a un mundo virtual que interactúa simultáneamente con el analógico, nos hizo creer que nuestro universo personal, familiar y empresarial se expandiría hasta el infinito. Algo parecido a lo que ocurre con nuestras mentes, que en la medida en que les damos más uso y las llenamos de más información y experiencias, su expansión crece y crece, aunque sigue ocupando los mismos pequeños límites físicos del cráneo.

En sus primeras décadas, esta interacción entre lo real y lo virtual, produjo resultados extraordinarios, tal vez asombrosos y a la vez perturbadores; aceleró el desarrollo del ser humano en muchas y diversas áreas. Sin esa virtualización, el mundo de hoy seguiría siendo una aldea medieval poblada por millones de personas menos inteligentes que las mascotas de esta época, las cuales en varios sentidos, ya superan a sus amos; soñar con llegar a la Luna seguiría siendo algo utópico. Hoy ya se está hablando de que el próximo paso será viajar de la Luna a Marte para dejarle a unos zombies más voraces que los de The Walking Dead, lo que quede del planeta Tierra después de que termine la pandemia, si es que termina algún día o si antes ella resuelve terminar con todos nosotros.

La disrupción de las redes sociales redujo las distancias entre millones de personas. 

Hoy es más rápido y efectivo whatsappear que intentar dialogar con alguien que tenemos al frente mientras desayunamos.

Hoy es más rápido y efectivo whatsappear que intentar dialogar con alguien que tenemos al frente mientras desayunamos. En esos 7 x 12 centímetros caben ahora miles de millones de vidas ficticias que parecen reales, millones de fotografías retocadas, noticias falsas que parecen reales, millones de empresas legales e ilegales.

También, las teorías científicas más respetables y las conspiraciones más diabólicas, religiones, gobiernos, países, organizaciones mundiales y hasta lo más decadente de la Humanidad; también caben ahí la biblioteca más grande del planeta Tierra y los perfiles de 2.500 millones de usuarios de las redes sociales de nuestro mundo; escogemos entre los miles de millones de vídeos lo que se nos antoje, bien sea para aprender algo, distraernos o perder el tiempo; podemos ver los más recientes vídeos de los gatos, los de las bodas inolvidables en las que alguien levanta la mano para oponerse a que la pareja se case, o los de los goles que no logró convertir Messi o los vídeos caseros cuasi pornográficos que ahora se convirtieron en negocios familiares gracias a la pandemia; miles de horas de publicidad invasiva y cuadriculada que evitamos como si fuera la peste, y publicamos lo que nos venga en gana, -lo cual muchas veces resulta repugnante y depresivo-, y gracias a esa caja de 7 x 12, nos enteramos al instante de casi todo lo que sucede en el planeta, aunque muchas veces quisiéramos que nuestros amigos conspiranoicos nos cuenten tarde sobre cuáles son las últimas medidas que tomaron los CEO del Nuevo Orden Mundial sobre su proyecto de reducir la población mundial a solo 500 millones de personas obligando al resto del planeta a dejarse vacunar. No deja de ser irónico pensar qué van a hacer con tanto dinero en un mundo tan desolado.

Esa cajita de 7 x 12 centímetros gobierna hoy nuestras vidas. Y no es una democracia. Es una dictadura.

Somos amigos virtuales de 1.500 extraños que parecen seres humanos y hasta tienen fotos de sus día a día en nuestros perfiles en Facebook, pero evitamos interactuar con los 4 o 5 seres físicos reales con quienes compartimos nuestro hábitat.

Es más tranquilizador hacer las compras basados en las recomendaciones que algunos seres imaginarios dejaron consignadas en la cajita de 7 x 12, que hacerlas guiándonos por nuestro sentido común o el de nuestros familiares o amigos reales.

Millones se visten y desvisten cada día para tomarse fotos o grabar vídeos y subirlos a la cajita de 7 x 12, esperando ansiosos aprobación masiva en forma de likes que valide su percepción de ser personas atractivas o muy cool o que les confirmen que existen, ya que tienen la oscura sensación de haberse vuelto invisibles para sus familiares cuando realmente es lo contrario.

En la cajita de 7 x 12, hay códigos rebaño que condicionan lo que se puede postear o no se debe y aunque la mayoría de usuarios los conocen, sucede lo mismo que con los mandamientos. Los más jóvenes viven su día a día entre la vida y la muerte, pendientes de los Me Gusta y cuando estos no llegan, pero sí las mezquinas críticas de los francotiradores virtuales que inundan de odio todo el espacio virtual, algunos llegan a considerar que el suicidio sería una buena opción. Y es mejor que no pregunten en las redes sociales si cometen suicidio, porque con seguridad recibirán muchísimos likes.

Millones de empresas tienen páginas web ofreciendo sus servicios; páginas que también luchan por ser notadas en esta cajita y se valen de todas las estrategias que los gurúes del marketing digital les venden. Nada fácil, porque la competencia es el mundo entero y ese mundo entero, también está dentro de esa misma cajita y, por si fuera poco, la saturación virtual y el síndrome de la distracción, ayudan a que la mayor parte de lo que se anuncie en la cajita de 7 x 12, se olvide segundos después de haber sido visto.

Uno se pregunta hasta cuándo será el reinado de la cajita de 7 x 12. Antes de la pandemia, la cajita ya reinaba con miles de millones de esclavos y ahora en plena pandemia, la cajita parece una prótesis adherida a nuestras manos y es casi imposible quitar los ojos de ella. Es una obsesión, pero como todo en la vida, tal vez la cajita también forme parte de una ola de esas que van creciendo y creciendo, y que cuando se llega a la cresta, viene la caída.

 

POSTRE

  • El ser humano se ha especializado en crear cajas para todo. El universo creado por el hombre es rectangular, por eso vivimos en un mundo cuadriculado. Observen sus viviendas, las puertas, ventanas, baldosas, televisores, cocinas, camas, mesas, y en general casi todo lo que el hombre ha construido y comprobarán que son cajas, incluida por supuesto, la caja esa a la que nadie quiere llegar, pero que nos espera pacientemente, a todos.
  • Pareciera que nos gusta llevarle la contraria a la Creación. El Universo es circular, los planetas son grandes esferas, las galaxias son espirales bellísimas, y en general la curva es la firma del Creador.
  • Tal vez Antoni Gaudí y otros artistas más, son la excepción. Gaudí le regaló a Barcelona su arquitectura distintiva. Alguna vez un empresario me preguntó por qué los publicistas vivíamos tan obsesionados por las curvas de la mujer. Le respondí: Son para romper con la monotonía visual de los rectángulos en que su publicidad será vista. No me creyó, pero tampoco estuvo de acuerdo en retirar a las modelos de su publicidad.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

70 años después de “1984”, el amor renace más claustrofóbico

70 años después de “1984”, el amor renace más claustrofóbico

Cientos de expertos están de acuerdo en que lo narrado en 1984, es ahora una apestosa realidad. El libro es algo deprimente, literariamente bien escrito, muy creativo, y creo que su gran valor radica en haberse anticipado 70 o más años a lo que hoy estamos viviendo.

Cuando se anunció que Trump ganó la presidencia de Estados Unidos, 1984 se puso de moda. Se vendieron miles de ejemplares. El Gran Hermano había llegado con todo su poder, crueldad y estupidez. George Orwell lo escribió en 1934 y lo publicó el 8 de junio de 1949.

Ustedes decidirán si lo leen. Puede que ya lo hayan leído. Yo, me centraré en algo paralelo, inspirado en 1984.

No envidio para nada a Winston Smith, el protagonista de 1984. No solo tuvo que soportar la agobiante pesadez de sentirse eternamente vigilado por el Gran Hermano, sino que cuando sintió el llamado del amor y siguió sus instintos, terminó odiando la única posibilidad que le quedaba de sentirse como un ser humano.

Algo parecido y no por ello menos frustrante, pasa en nuestros días.

¿Por qué resulta tan complicado y riesgoso dar y recibir amor?

¿Por qué lo máximo que se alcanzó a experimentar antes del Coronavirus y en tantos encuentros casuales, fue la innegable realidad de que millones de personas estaban compartiendo una inmensa soledad que se escondía detrás de la compra o trueque de minutos de las vidas de unos y otros, y que lo poco gratificante que les quedó fueron unas sesiones mecánicas de insípido placer físico o pretenciosamente intelectual, en pareja o en grupos, organizados por una App de las tantas que rigen sus vidas?

La Telepantalla a través de la cual “Big Brother” vigilaba cada gesto de Winston era tan opresiva, que encontrar un lugar para evitarla era prácticamente imposible. Y en medio de tanta limitación, sucedió lo impensable: Winston se enamoró. Y, tal vez, se enamoraron de él, a pesar de las diferencias de edad, a pesar de que Winston ya era un precoz vejestorio de 39 años y de que era lo más lejano a lo que hoy, irónicamente, es un candidato ideal, es decir un Youtuber, o cantante de Reguetón o político en ascenso con un excelente prontuario o un corrupto profesional.

Llegó una pandemia y ahora sí que parece más difícil pensar en el amor. Del “All you need is love” pasamos al “All you need is health”. Por algo se ha dicho: Salud, dinero y amor. ¿Para que te amen debes verte saludable y tener una saludable chequera? No es cierto del todo, aunque la salud es un buen comienzo.

El comportamiento del ser humano tiene momentos que son predecibles, por ello existe eso de “la prohibición causa el apetito” o como leí en alguna parte “algunos de los mejores momentos de la vida, son los que no puedes contarle a nadie”.

Hablar del amor en medio de la pandemia da como para escribir un libro. Es probable que el obligatorio distanciamiento social le esté dando un inusitado protagonismo al romancismo que se respira en interminables mensajes por whasapp o quizá, si terminara algún día el confinamiento, nos daremos cuenta que no solo murieron millones de personas sino también que murió el amor.

Ya no es tan sencillo hablar del amor a primera vista aunque es posible enamorarse de una imagen en una pantalla, para eso hemos sido entrenados por las redes sociales. Llegar a la tranquilizadora sensación del apego no es probable en medio del confinamiento, ya que según Helen Fisher, neurobióloga y antropóloga, el apego tarda en promedio diecisiete meses en revelarse como una verdad basada en el conocimiento de la otra persona, en su validación con sus pros y contras; el apego es real aunque no parezca tan emocionante como el amor a primera vista, el cual suele ser efímero y fantasioso en muchas ocasiones, y tal vez por esta razón cuando le preguntaron a un Casanova sobre el amor eterno dijo:  “El amor eterno dura tres meses”.

Con amor definido o por definir, no se preocupen. El amor siempre se las arregla para llegar, así sea a través de la telepantallita que ahora gobierna nuestras vidas. Curiosamente, lo preocupante no es si llegará, sino que llegue. El amor, en cualquiera de sus múltiples facetas: a primera vista, romántico o con apego,  trastornará sus vidas como lo está haciendo el Covid19, ojalá que sea para bien, aunque no se puede descartar que también sea para poner las cosas patasarriba.

Tal vez Cupido ya esté volando feliz y despreocupado con la dirección de algunos de ustedes, en sus manos. Ojalá que en el intento de llegar a sus hogares, no lo confundan con un murciélago y termine aplastado por un periódico de los que existían antes de la pandemia. Sería más irónico que sucediera esto precisamente en la página donde se anuncian los sex-shops y gurúes de esos que aseguran hacer regresar al ser amado en 72 horas.

Qué días tan extraños, ¿cierto? Sospecho que los creadores de covid19 contrataron a un libretista de los que trabajaron en los episodios de Black Mirror.

 

POSTRE:

  1. No busques el amor. La mejor manera de encontrar es no buscar. Deja que te encuentren, pero eso sí, tampoco te escondas y nunca, nunca, muestres la urgencia de ser amada(o) porque eso ahuyenta. Las personas más amadas son aquellas a las que precisamente parece que les sobra el amor. La vida no es justa.
  2. Ábrele las puertas de tu vida a la serendipia, esos hallazgos afortunados, sorpresivos e inesperados que suceden cuando estás buscando cosas distintas. Cuando suceda, la sentirás como una epifanía, como una manifestación que hará que el tiempo se detenga por un instante. Es como una iluminación.
  3. Conviértete en un imán. Hay muchas maneras de llamar la atención, más allá de lo físico. Según mi mamá, yo fui el patito feo de la familia desde muy joven, así que tuve que echar mano de mi sentido del humor, desarrollé mis habilidades comunicativas y sin proponérmelo, tal vez me convertí en un feo interesante o divertido o muy buen conversador. Por falta de amor, nunca me he tenido que quejar.
  4. Tal como si fueras una marca de esas que son amadas, debes evocar Sensualidad, Misterio e Intimidad.
  5. Los seres humanos somos adictos a la sorpresa: nunca te des a conocer 100% como un libro abierto y si decides ser un libro, que sea de suspenso.

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