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Millones de personas en el mundo occidental que parecen tenerlo todo, viven amargadas y sufren por lo que les hace falta. No logran ser verdaderamente felices, aunque hay excepciones, como yo, que creemos que la mayoría de las veces el problema no es lo que nos hace falta sino todo eso que sentimos que sobra.

Un 29,2% del planeta Tierra es justamente eso: tierra. En los 510,2 millones km² de área total de superficie de nuestro planeta, cerca de 150 millones de km² son de tierra (29,2 %) mientras que más de 361 millones de km² son de agua salada (70,8 %), donde habitan los seres más inteligentes de la Tierra.

Nuestro planeta se llama Tierra por la diosa romana Terra (o Tellus) que es el equivalente de Gea en la mitología romana. Si hoy fuéramos a bautizar la Tierra, sería más apropiado llamarla Agua, aunque tengo mis dudas si en el comité para escoger el nombre hay algún reggaetonero, políticos o aparece por ahí el payaso ese -ahora más famoso que el de McDonalds-, regresando a la vida pública después de entregar de mala gana la presidencia de un país que dejó vuelto shit porque creyó que se trataba de un reality de cuatro años que premiaría las estupideces más grandes, los malos modales, la mentira descarada, el racismo, xenofobia, y otras habilidades similares que tal vez sus papás le aplaudían cuando todavía era un bebé de 30 años.

Y en esos 150 millones de km², vivimos más de 7.700 millones de personas sin contar por el momento a las mascotas de todas las razas y colores que ahora son los hijos de quienes renunciaron a tener hijos. Como la mediocridad es el nuevo idioma universal y para triunfar hay que demostrar una calculada estupidez superior al promedio y a la que ostentan orgullosos los millones de seguidores en las redes sociales que tienen estos reyecitos mediocres, es comprensible que ya casi nadie quiera traer hijos al mundo.

El desempleo, los costos de educación, alimentación, techo, salud, ropita, niñeras, entretención costosísima con viajes a Disneylandia, celebraciones de 15 años con Maluma cantando el Happy Birthday, conforman, entre otros, el decadente escenario que espera y atemoriza a los futuros padres.

Convertirse en esclavos de unos niños que a los dos años comenzarán con sus pataletas, berrinches y rabietas para que sus papás les regalen su primer Iphone y los dejen ver videojuegos de asesinos seriales antes de acostarse, no emociona ni estimula a nadie. La generación “no hijos, sí mascotas”, espera ansiosamente que se extinga la raza humana y el nuevo orden mundial tenga como cabezas visibles las de los robots y los animales. Viendo cómo va todo esto, es una opción que no debería descartarse a la ligera

De esos 7.700 millones, la mayoría somos seres humanos comunes y corrientes, y tal vez, un 1%, es decir, más o menos unos 77 millones, son unos engrendros encargados de amargar la vida al restante 99%. Son las manzanas podridas del que alguna vez, tal vez fue, el Paraíso Terrenal que hizo famoso la Biblia. Esos 77 millones son los que sobran, y son, precisamente, los que jamás debieron haber sido invitados al baile de la vida, pero se colaron usando sus artimañas y siguen empecinados en emborracharse y armar escándalos para llamar la atención, tragan como muertos de hambre y segundos después se vomitan y poposean sobre los manteles y alfombras, se roban los cubiertos, las empresas, los contratos del estado y todo lo que esté a su alcance, insultan a los invitados, se empelotan, se tiran a la piscina, y cuando por fin llega la policía, reparten billetes a diestra y siniestra, invitan a un traguito y siguen generando durante horas, años y siglos, el caos más despreciable sin que les importe un carajo.

Oficialmente, y al momento de escribir esta entrada (miércoles 16 de febrero/21), le adjudican a la pandemia la muerte de más de 2,42 millones de personas a nivel mundial y en Colombia, han muerto cerca de 58.000; cruzamos los dedos para que más de 2,2 millones de contagiados en Colombia y más de 109 millones a nivel mundial, logren recuperarse.

La cifra de contagios aumenta exponencialmente casi a la misma velocidad con la que se visibiliza la incompetencia de los gobernantes, especialmente en Suramérica, quienes ya deberían haber demostrado cuan competentes son, la razón por la que supuestamente fueron elegidos en las urnas. Pero si estos líderes fueron elegidos, los incompetentes fueron quienes les dieron o dimos, nuestros votos de confianza. Elegir es un derecho, elegir mal, es el deporte más popular en Colombia y creo que en Latinoamérica.

La rapiña por las vacunas ha comenzado en Colombia y solo Dios sabe las ridículas y asombrosas maneras que nos inventaremos para seguirle dando a los medios de comunicación extranjeros más noticias folclóricas que harán reír a todo el mundo, el cual no sale de su asombro cuando escuchan o leen la palabra Colombia. Por ejemplo: Los noticieros de televisión no solo transmitieron en vivo el aburridísimo avance del ícono del avión sobrevolando el mapa del territorio colombiano hasta su llegada al aeropuerto. También, una importante comitiva encabezada por el presidente, vicepresidente, ministro de Salud y otras personalidades recibió las primeras 50.000 vacunas con caravana, discurso en la pista del aeropuerto, banderas ondeando, selfies y chalecos reflectivos a plena luz del día. Eran las 10 de la mañana. Tal vez faltó la papayera y las acostumbradas entrevistas a la mamá del piloto, a los abuelos de los operarios de pista, a la profesora de primaria del ministro de Salud, y al personal médico y mayores de 80 años de Montería y Sincelejo, donde serán vacunados los primeros impacientes, esta vez, tal vez sí, con papayera. Sobraba, pero era de esperarse, el típico show delirante modelo república bananera. Los medios y redes sociales, hicieron eco, rellenaron de pueblo sus empobrecidos ratings y ausencia de likes, y “todos felices”.

Sin duda, no somos el país más feliz del planeta, pero gracias a nuestra estupidez, seguimos despertando miles de sonoras carcajadas rebosantes de dopamina en los demás países. Tal vez somos, el país más patasarribista del mundo.

Así como ocurre con las guerras en las que mueren millones de soldados carne de cañón mientras los presidentes y toda la cúpula militar ven la guerra por televisión bebiendo whisky, unos son los dolientes y otros, los invitados de honor al baile de los que sobran. Probablemente ninguna de las personas que ha muerto por la pandemia sobraba en este patético desorden mundial. Sobran otras, el 1%, y de esto quiero hablarles.

Sobran los corruptos que desde sus cargos en el manejo del Estado o sector empresarial u otras posiciones de poder e influencia, dedican todos sus esfuerzos a su verdadera y única vocación: saquear los recursos públicos y de empresas privadas para su enriquecimiento ilícito. Gracias a su abnegada y laboriosa acción, Colombia y Latinoamérica se encuentran atrasadas más de 100 años y probablemente seguiremos así por los siglos de los siglos. Son el cáncer que está matando las esperanzas de bienestar en el mundo entero.

Sobran los narcotraficantes que en su desmesurada ambición de dinero y poder, siguen esclavizando cada vez a más y más personas con sus drogas, especialmente a gente joven, y para el logro de sus propósitos siguen comprando conciencias en todos los niveles. Han asesinado, torturado, desaparecido, amenazado y convertido en piltrafas a cientos de millones en el mundo entero y son, tal vez, la legión más demoníaca y putrefacta que se haya apoderado del planeta en toda su historia.

Sobran los líderes religiosos que no han sabido interpretar la búsqueda de respuestas de quienes les siguen y continúan prometiéndoles una mejor vida en el más allá a cambio de sacrificios, dolor, culpas y miedos, en la vida presente. Matan las ilusiones, se enriquecen en nombre de Dios y siguen siendo el opio del pueblo. La ley del Karma se encargará de poner en su sitio a toda esta banda de traficantes de la fe.

Sobran los mandos militares que aliados con la corrupción del Estado, y con el poder que les dan las armas, mantienen el status quo sin que les importe qué tan perversos sean sus jefes, perpetúan y echan leña al fuego que mantiene hirviendo la olla podrida de la maldad y la desesperanza. No solo le han dado la espalda al pueblo, también apuntan sus armas contra la gente inocente.

Sobran los multimillonarios que han acumulado tantas riquezas como para darle una vida de lujos y excesos a las próximas cincuenta generaciones, pero no se les ha ocurrido que deberían usar parte de todo este dinero en ayudar a solucionar problemas urgentes que agobian a la humanidad y como si se tratara de Nerones modernos, prefieren ver a la gente morir de hambre. Hay excepciones, claro, pero como todo, son el 1%.

Sobran banqueros, políticos, depredadores de los recursos naturales, maltratadores de mujeres y niños, empresarios explotadores, criminales, delincuentes y asesinos; sobran vándalos, alborotadores profesionales, guerrilleros, senadores, congresistas y concejales; youtubers, influencers, francotiradores virtuales y activistas del escándalo prosaico.

Sobran la intolerancia, el racismo, la xenofobia, el odio, los nacionalismos estúpidos, la envidia, la ignorancia, la desigualdad y la esclavitud de todo tipo.

Sobran miles de marcas, miles de millones de likes y fakenews; sobran millones de minutos virtuales y cientos de toneladas físicas de la publicidad más invasiva e insoportable de toda la historia.

Hacen falta más músicos, escritores, artistas, médicos, científicos, agricultores, poetas, profesores y filósofos.  

Hacen falta Los Prisioneros, famoso grupo de rock chileno que los Boomers tuvimos la suerte de disfrutar. Lanzaron en 1986 “El baile de los que sobran”, uno de sus más emblemáticos temas. Han pasado 34 años y su mensaje está más vigente que nunca.

Hace falta una verdadera Revolución de Paz y Amor, que trascienda más allá de ser dos de las palabras más usadas en cientos de canciones.

Hacen falta tu familia, tus amistades, tú y tus mascotas.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

22 Comentarios

  1. Hector Santagostino

    Sobran comentarios.

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    • Germán Rojas Molina

      Jajaja… entiendo, estimado Héctor. Cuando lo considere, sus escritos patasarribistas serán bienvenidos a este blog.

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      • Pedro Rodriguez

        Muy bien hablado!

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  2. Cesar Beltran

    Uyyyyy Germán, que bueno!!! Muy bueno!!! No le sobra ni le falta nada.

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    • Germán Rojas Molina

      Muchas gracias por su amable comentario, estimado César. Algún día, tal vez, podamos todos bailar la vida sin los que “sobran”.

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  3. Luis Ramiro

    Excelente Germán , en realidad esto confirma el dicho , no es rico el que más tiene , sino el que menos necesita .

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    • Germán Rojas Molina

      De acuerdo, estimado Ramiro. Entre menos necesitemos, mejor, aunque también hay que decirlo: La vida sería más llevadera sin los que “sobran”.

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  4. Miguel arevalo

    Muy cierto no sobra decir que es un análisis sesudo

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    • Mauricio Hernández

      Excelente reflexión Germán, me hizo recordar una frase que leí no sé dónde … “Tiempos difíciles forjan hombres fuertes, hombres fuertes crean buenos tiempos, tiempos buenos (fáciles) crean hombres débiles y los hombres débiles crean tiempos difíciles… Sobran hombres débiles pero hay tantos que deberemos prepararnos para tiempos difíciles…

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      • Germán Rojas Molina

        Muy buena reflexión la de los tiempos difíciles y los hombres “fáciles” o al revés… en fin. Muchas gracias por sus palabras, estimado Mauro. Siempre es bienvenido a este patasarribismo sin norte.

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  5. Jorge Salcedo

    Lo dicho bien dicho, doblemente bueno. Tu blog es una ventana abierta a la opinión particular y lo considero muy válido. Rico leer textos que ilustran y divierten.
    Felicitaciones, amigo Germán.

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  6. Diana Harker

    Excelente analisis! Mas cierto no puede ser! Felicitaciones Germán! 😊

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    • Germán Rojas Molina

      Gracias por tus palabras, Dianita… imagino que las leíste saboreando un Harker Coffee, tal como yo estoy haciendo leyendo los comentarios. Un abrazo.

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  7. Julio Sánchez

    Hace falta más reflexiones como esta y más gente que las lea.

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    • Germán Rojas Molina

      Gracias por su amable comentario, estimado Julio. Aunque estamos en febrero, ¡Feliz 2021! Cordial saludo.

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  8. Daniela LRP

    Definitivamente hay muchas cosas en este mundo que no andan bien y nunca entenderemos porque muchas veces las cosas malas le pasan a los buenos y viceversa.

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    • Germán Rojas Molina

      Agradezco tus palabras, Daniela. Tienes razón y más ahora que nuestro mundo anda patasarriba.

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  9. Jaime Enrique Rodríguez

    Excelente y realista análisis. Buen punto de vista. Felicitaciones.

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