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“Harto ya de estar harto, ya me cansé 
de preguntar al mundo por qué y por qué
La Rosa de los Vientos me ha de ayudar 
y desde ahora vaís a verme vagabundear
entre el cielo y el mar…vagabundear”

(Joan Manuel Serrat)

El significado que le quiso dar Serrat a la palabra “harto” en su canción Vagabundeartal vez fue el de estar molesto, aburrido, cansando de una situación, o como dirían generaciones anteriores, “estar hasta el cogote o hasta la coronilla”. Para la mayoría entre los 25 y 50 años, sería simplemente, “estar mamado”. Como sea, Serrat estaba mamado o hasta el cogote, de preguntar los eternos por qué sin respuesta que todos nos hicimos a los 18 años o antes: Medio ambiente, nacionalismo, libertad, amar, buscar el camino.

Ahora, en la era covid19, es evidente que esas preguntas fueron sustituidas por unas menos simbólicas en las que las redes sociales, el consumismo, globalización y barreras generacionales, entre otras, aportaron los ingredientes para que el virus del hartazgo hubiera aparecido veinte años antes de la pandemia y tal vez esté matando de aburrimiento a millones.

Es bueno aclarar que no culpo a nadie de sus hartazgos. A las redes sociales, sí. El documental “The Social Dilemma”, estrenado por Netflix en enero de este maravilloso 2020, nos muestra las sofisticadas estrategias y tácticas de la tecnología e inteligencia artificial con las que nos están controlando casi todos los aspectos de nuestras vidas. Influyen en lo que decidimos que nos gusta, nos mantienen informados según las “verdades” que estamos dispuestos a aceptar y propician cambios profundos de comportamiento. También, -y esto no es poca cosa-, están socavando lo poco que queda de las democracias influyendo en las elecciones, en la reputación de los gobiernos, en lo que es aceptable o no. Sus protagonistas son los mismos creadores de estas apps, quienes confiesan horrorizados las gravísimas consecuencias que ya están pagando principalmente los jóvenes y lo que es peor, es casi imposible detener el crecimiento exponencial de su manipulación. Dopamina instantánea que, como toda droga adictiva, cada vez requiere dosis mayores para conseguir algo de satisfacción, pero a largo plazo, solo produce hartazgo y frustración.

Después de ver este documental, uno queda con la sensación de que el covid19, es tan solo una “gripita” comparado con la distopía en que encuentra el planeta gracias a las redes sociales. Aunque resulte irónico, al finalizar le di “like” al documental.

Si algunos de estos síntomas ya son evidentes en su comportamiento laboral o familiar, o hay brotes entre sus colegas, amistades, hermanos y padres, se trata de la pandemia del hartazgo, aunque para esta sí existe vacuna: Disminuir progresivamente el consumo de redes sociales. Esto incluye, por supuesto, leerme solo cada semana y siempre y cuando cada entrada les produzca algo de dopamina.

Hartos de estar aburridos. Hartos de fingir felicidad en las redes sociales. Hartos de no conseguir likes pero sí comentarios despiadados de sus enemigos. Hartos de los otros. Hartos de las vidas perfectas de los demás en las redes sociales. Hartos de divertirse con la misma gente. Hartos de conocer gente tan aburrida como usted. Hartos de la comida casera. Hartos de la gula desenfrenada. Hartos de toda su ropa de última moda. Hartos de que casi toda la ropa les quede ahora pequeña. 

Hartos de que los celadores de los centros comerciales les saluden por su nombre. Hartos de que ahora nadie se acuerde de ustedes, ni siquiera los celadores. Hartos de las comodidades del Hotel Mama. 

Hartos de ver tantos pobres. Hartos de la sociedad. Hartos de tenerlo todo y no ser dueños de casi nada. Hartos de no sentir deseos por nada. Hartos del carro, la moto y la bicicleta todoterreno que tienen parqueados en sus casas. Hartos de su quinto celular. Hartos de tener tantos amigos y sentirse solos. Hartos de los niños. Hartos de tanto anciano. Hartos de la lluvia. Hartos del sol. Hartos de tanta viajadera. Hartos de no poder viajar. Hartos de la pornografía. Hartos de la gente muy parecida a ustedes. Hartos del papá, mamá y todo el árbol genealógico. Hartos de que nadie les ratifique que son hiperinteligentes. Hartos de que les ignoren por tontos. Hartos de que sus papás les quieran conseguir empleo. Hartos de su séptimo empleo en año y medio.  Hartos de no poder ascender. Hartos de haber sido ascendidos porque ahora les odian en toda la empresa.

Hartos de no poder conseguir una buena pareja. Hartos de que su pareja sea superior, inferior o de su mismo nivel. Hartos de Netflix, Amazon Prime, HBO y toda la oferta de cine en casa. Hartos de los bares. Hartos de la música. Hartos de embriagarse y arrepentirse siempre de lo mismo. Hartos de que los guayabos sean cada vez peores. Hartos de mirarse al espejo en las mañanas y a cualquier hora. Hartos de los restaurantes que antes les parecían lo máximo. Hartos de haber perdido el apetito. Hartos de seguir comiendo excesivamente. Hartos del hambre voraz que les produce la rutina del gimnasio. Hartos de privarse de lo que más le gusta para poder bajar de peso. Hartos de que les pregunten si están enfermos. Hartos de haber perdido el apetito sexual. Hartos de que nadie los tenga en cuenta para tener sexo. Hartos de tener mucho sexo y sentirse vacíos. Hartos de no poder dormir. Hartos de que les dé sueño en la mitad de la mañana. Hartos de todo.

Hartos por definición. Hartos de estar hartos, como lo escribió y cantó Serrat, solo que si se dedicaran a vagabundear, también se hartarían.

En mi día a día hablo con muy pocos adultos mayores, tal vez algunos amigos y conocidos diez o más años menores que yo, muy competitivos, quienes con tal de superarme en lo que sea, decidieron envejecer primero que yo. Me ganaron, lo reconozco. Son muy pocos los adultos mayores que estén hartos. Los adultos mayores, hartos de verdad, son la excepción de la regla.

A los adultos mayores o en su tercera pubertad, casi nada nos harta. Si trabajamos, el trabajo no nos harta, nos entusiasma; otra cosa es tener que soportar jefes imbéciles que ni idea de liderazgo y en lugar de trabajar se dedican al jadejo empecinados en aburrir a todo el mundo. Intelectualmente, somos los más activos. Nos encanta madrugar a ver los amaneceres, también disfrutamos los atardeceres y las luces nocturnas nos parecen mágicas. Nunca nos verán aburridos. No sufrimos con los hartazgos antes mencionados. Por lo demás y si estamos con la familia, todo está bien. En su compañía y con un buen café en la mano, la vida es maravillosamente simple y agradable, hasta que los hartos de todo, comienzan a impregnar de su hartazgo el hogar dulce hogar.

POSTRE:

Hay otros hartazgos que la mayoría de colombianos sufrimos como si fueran enfermedad incurable:

  • Hartos de más de 500 años de corrupción.
  • Hartos de la política como negocio eterno de las familias de siempre y de las familias advenedizas o trepadoras sociales que se reproducen más y más.
  • Hartos de una guerrilla que cumplió 50 años y terminó mimetizándose con su enemigo.
  • Hartos de no poder confiar en nadie ni en nada.
  • Hartos de las empresas explotadoras que no aportan nada a la sociedad.
  • Hartos de que las instituciones que alguna vez fueron ejemplo de rectitud, hoy sean reconocidas por sus torcidos.
  • Hartos de que casi nada funcione.
  • Hartos de la delincuencia común y la organizada.
  • Hartos de la indiferencia de todos los gobiernos frente al avance del cambio climático.
  • Hartos de que la justicia no solo cojee sino que nunca llegue.
  • Hartos de que el país esté patasarriba y a nadie le importe.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

12 Comentarios

  1. César Beltrán

    Siempre es un magnífico plan sentarse a leer un texto de Germán Rojas, que desde lo simple y lo cotidiano, con mucha ironía y humor, nos pone a pensar.

    Responder
    • Germán Rojas Molina

      Estimado César, la pandemia no solo nos ha robado muchas ilusiones, también nos ha borrado la sonrisa y las ganas de dejar fluir el humor, pero como buenas ovejas negras, seguiremos saltándonos las reglas. Gracias por su comentario. Un abrazo.

      Responder
  2. Irma Cristina Cardona Bustos

    Así es Germán, hartos de estar hartos.. Qué buena radiografía del “hartismo”. Hace unos días escribí en mi blog algo relacionado con esto. Qué bueno leer tu entrada y sentir que alguien (en especial de este gremio marketero), manifieste libremente esta ” hartera”. Me encanta tu blog. Te seguiré leyendo: mi maestro siempre. Te dejo la que escribí hace un par de días para hacerle honor a tu escrito:

    No puedo ya más con tantos días grises,
    pero aquello de “reinventarse”
    me sabe a ripio de café
    No sé por qué la obligación de darle vuelta a la vida
    y no dejar sentir el cansancio,
    el vacío,
    la pena.

    Nos hemos vuelto marionetas
    de la felicidad
    y andamos por el mundo
    con nuestra sonrisa perfecta
    con el ” yo puedo a flor de labios”,
    como si sentirse un día derrotado
    y otro
    fuera el peor pecado,
    la llamada al exilio,
    la muerte.

    Hoy no tengo ganas de sonreirle
    a nadie,
    no quiero ser “ecológica”
    ni vendedora de la transformación.

    Hoy
    no
    quiero
    lavar la taza de café.
    ni las reuniones virtuales
    ni los chats donde ” todo va bien”,

    No quiero esa falsa felicidad
    a prueba de oficinas.
    ni salas que dejan ver libros
    que nunca nadie ha leído.

    No quiero “la nueva realidad”
    que vomitan las redes.

    ¿Alguien cuerdo que no deambule
    como zombie?
    ¿Alguien honesto que quiera llorar?
    ¿Alguien que por un día acepte
    que se siente hastiado?
    alguien que grite
    alquien que deje ver su cerebro tostado,

    Solo por un día,
    por un rato…

    Para sentir que seguimos siendo humanos.

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    • Germán Rojas Molina

      Apreciada Irma Cristina, un honor recibir en estas páginas la tinta creativa de tu sentir poético. Es un hermoso poema que refleja muy bien las sensaciones con las que muchos nos levantamos y acostamos. Gracias y ¡Bienvenida!

      Responder
  3. Jd

    Ahora nos asusta no tener satisfacción inmediata y sin esfuerzo. Nos asusta descansar, parar, respirar. Nos asusta reconocernos.

    Responder
    • Germán Rojas Molina

      Gracias apreciado Juancho por su comentario. Es cierto. La estrategia 2020 de quienes manejan la agenda del desorden mundial tiene como herramienta principal el miedo.

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  4. Mauricio Hernández

    Cómo sobrevivir a tanto desencanto mi querido doctor Rojas?

    Supongo que tomando no tan en serio todo …

    Responder
    • Germán Rojas Molina

      Gracias estimado Mauro por su comentario. Creo que al desencanto hay que sumarle canto o música o alguna actividad lúdica que equilibre le República Mauro Hernández, mientras los depredadores siguen raspando la olla de lo que queda del país.

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  5. Jaime Enrique Rodríguez

    El postre nada más, ni nada menos para el país que nos tocó. Buen artículo y a los adultos mayores,
    los aprendizajes nos entusiasman…muy cierto

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    • Germán Rojas Molina

      Gracias por su amable comentario, estimado Jaime Enrique. El país que nos tocó es el Paraíso Terrenal, sus dirigentes el demonio de un millón de cabezas.

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  6. Paola Escobar

    Tan ciertas tus palabras que dan escalofríos, me culpo por que según yo no vivo al máximo y luego me siento culpable por no valorar la vida tal cuál viene, me hartan muchas cosas de las que mencionan, el dilema está en saber qué es importante y qué no.

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    • Germán Rojas Molina

      Hola Paola, gracias por tu comentario. Espero te hayan pasado ya los escalofríos. Pensando en esto y más en personas como tú, escribí la siguiente entrada, la cual tiene que ver con eso que todos buscamos: la felicidad. Hoy la subo. Espero la disfrutes. Un abrazo.

      Responder

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