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A pesar de que desde los albores de la humanidad la gran mayoría de personas, grupos, organizaciones, gobiernos y países, se han caracterizado por su propensión al salvajismo, crueldad, sadismo, falta de ética y obsesión por arrebatarle los bienes, tierras y la vida a los demás, hasta mediados del siglo pasado, el club de misántropos tenía muy pocos miembros reconocibles o como dicen hoy, contagiados identificados. Asintomáticos, tal vez millones.

Los misántropos famosos e indeseables eran una élite tan selecta como la de los sibaritas, ni siquiera alcanzaban para armar un equipo de fútbol. Según Ángels S. Amoros, “escritores como Emily Dickinson, Francisco de Quevedo, Jonathan Swift, Marcel Proust, Pío Baroja, H.P. Lovecraft o J.D. Salinger y personajes de ficción como Sherlock Holmes, Mr. Edward Hyde y Hannibal Lecter”. Misántropos todos, supuestamente, aborrecían al género humano.

Recuerdo que por dármelas de chistoso, alguna vez les comenté a unos colegas que yo estaba convencido de ser un misántropo. En parte era cierto. Las pocas personas que me caían bien las podía contar sobrándome dedos de la mano y ni siquiera me agradaban otros misántropos. Tal vez sí, Gregory House, aunque no todo el tiempo. En momentos de euforia llegué a pensar que Gilbert K. Chesterton, Road Dahl y Roberto Fontanarrosa, también fueron misántropos. Ojalá. Mis colegas tomaron distancia como si se tratara de un virus que podría contagiarles, pero era una preocupación innecesaria.

Para llegar a ser un buen misántropo, se requiere haber nacido con un don especial que solo le otorgan a una persona por cada 100.000. Es un don que permite detectar en segundos la estupidez, falsedad, malevolencia y mil facetas más que se esconden detrás de caras amables tipo recepción de hotel, sonrisas de taller de convivencia, saludos parroquiales y palmaditas hipócritas en la espalda, entre otros. Como el mundo se ha convertido en una inmensa fábrica de mentiras, engaños y manipulaciones, pensar y actuar como un misántropo puede ser una buena estrategia para no ser parte del rebaño.

El siglo 21 con su tecnología, inteligencia artificial y narcopolitización, propició el auge de una nueva generación de misántropos que no necesita el don con el que yo nací, sino simplemente tener un celular para navegar a sus anchas salpicando de odio las redes sociales. Ya no se trata de Paz y Amor, sino de Guerra y Odio. Una deprimente realidad.

El acelerado crecimiento de la insociabilidad con miles de millones de habitantes aislados en sus trincheras de concreto evitando a sus vecinos y familiares como si el verdadero virus fuera el ser humano, es uno de muchos ejemplos. La única posibilidad de interacción es a través de la Cajita Feliz y como ahora casi todas las relaciones sexuales son virtuales, el estado de frustración contenida viene aumentando como una gigantesca olla a presión a punto de explotar, de derramarse.

Los embarazos deseados y no deseados ya casi desaparecen. Los fabricantes de condones estarán pensando en cómo reinventarse. Gracias a las saludables medidas de confinamiento de los “abuelos” so pretexto del covid19, los gobiernos lograron reducir la población de los de la Rebelión de las Canas en un poco más de 800.000 abuelos a la fecha, aunque el 97% no los mató el coronavirus sino las enfermedades de siempre. No nacen niños, se mueren los abuelos, y el planeta le pertenece ahora a la franja de ciudadanos entre los veinte y cuarenta años principalmente. Tengo algunas dudas de si son dignos de confianza y como la mayoría sigue viviendo con sus padres, mantienen a sus papás en un estado de permanente paranoia mientras los padres les siguen manteniendo. Ya no es tan sorpresivo que el buen hijo favorito de mamá se haya transformado en un sicópata.

Yo creía que las redes sociales se habían convertido en los bares del 2020 pero cumplen muchas funciones más: muro de los lamentos, quejas, reclamos, rabietas, maldiciones, insultos y amenazas; campo de tejo, fritanguería sin fritanga, baño del Congreso sin papel higiénico, videoconfesionario de arrepentidos y cínicos, paredón donde se fusila a las personas por lo que sea, auditorio para los nuevos mil millones de filósofos,  pozo séptico de los partidos políticos, monte Gólgota digital lleno de Cristos y ladrones, y hasta altares satánicos online. Todo, en la Cajita Feliz.

Los misántropos de ficción no se quedan atrás y millones los siguen y les aman, tal vez por su ternura y sociabilidad: Bender Bending Rodríguez (Futurama), Sheldon Cooper (The Big Bang Theory), Rust Cohle (True Detective), y el favorito de los cuarentones: Charlie Harper (Charlie Sheen) del seriado “Two and a half men”, por citar algunos.

Así como los efectos del Cambio Climático son cada vez más extremos, la insociabilidad, -debería llamarse “insoci-habilidad”- se manifiesta en comportamientos cada vez más extremos

En revista Diners, Daniel Zamora al anunciar el estreno de “Escuadrón Suicida”, (DC Comics), toca el fenómeno de los antihéroes en su artículo: ¿Qué son los antihéroes y por qué están de moda?

De este artículo, extracto lo siguiente:  “…pero volvamos al antihéroe calculador que raya en lo malvado, cuya perversidad luce justificable y lleva al espectador a decir: Es un malo con razones y, sin saber claramente por qué, le hace fuerza para que todo le salga bien, algo así como lo que ocurre con Walter White, de Breaking Bad o Tony Soprano, de Los Soprano. https://revistadiners.com.co/tendencias/36446_los-antiheroes-estan-moda/

Y no hace falta investigar profundamente para encontrar cientos de razones adicionales que están propiciando una abundante cosecha de misántropos, en una sociedad en donde los malos son ahora los nuevos buenos.

Algunas razones que están inspirando la misantropía en el mundo entero y mucho más, en Locombia:

  • Posverdad: Cada vez es más difícil creer en algo. La verdad fue asesinada por la distorsión de la realidad. Es como estar tratando de comunicarse en Neolengua, el idioma de Oceanía, uno de los tres superestados en que está dividida la Tierra, cuyo gobernante es el Gran Hermano, según la novela distópica de George Orwell, 1984.
  • Pérdida de credibilidad de los Padres de la Patria: muy a pesar nuestro, los elegimos aunque sabíamos que ninguno era adecuado. Siempre hemos votado por el que nos parece “menos peor”. ¿Por qué repetimos una y otra vez semejante película tan mala?
  • Pésimos líderes que pelan el cobre inmediatamente son elegidos. Los “servidores públicos” son servidores solo de sus amigos y sus actos de corrupción son cada vez más públicos.
  • Institituciones totalmente desprestigiadas: familia, sistema educativo, organizaciones religiosas, el estado, poder judicial, partidos políticos, sindicatos.
  • ICETEX: ¿Debo explicarlo?
  • ODEBRECHT: ¿Ya vieron “El Mecanismo” en Netflix? 2 temporadas.
  • Narcodemocracia: ¿Hay dudas?
  • Covid19, OMS, Bill Gates, Fauci, vacunas obligatorias, conspiraciones eugenésicas.
  • Influencers: La apología del consumo en una de sus prácticas más prostituidas.
  • Sueldos de miseria, hambre, sometimiento e intimidación.
  • Senadores, congresistas, concejales, alcaldes, gobernadores, diputados, etc.

Podría seguir y la lista no terminaría. Los últimos veinte años han sido campo fértil para que los nacidos entre 1970 y 2000: cincuentones que se creen dueños del mundo, cuarentones y treintañeros que no encuentran su destino y veinteañeros que creen que se las saben todas, se hayan polarizado en dos bandos: 1. Todo va muy bien, sigue las reglas y lograrás tus metas. 2. El mundo da asco, la corrupción campea, no hay futuro. La mayoría hizo la transición de humanos buena gente que aman al prójimo a misántropos por convicción. La mal llamada tercera edad no es la mejor aliada de la misantropía, pero la sabiduría tampoco es práctica en esta época del patasarribismo.

POSTRE:

Del libro “Las Leyes de la Naturaleza Humana”, de Robert Greene. Saquen sus propias conclusiones.

  • La Ley de la Irracionalidad: Esta ley interpreta nuestro apego emocional a la toma de decisiones. En lugar de percibir el mundo por el lente de la racionalidad, tendemos a dirigirnos por las emociones como una forma de expresar nuestra consternación sobre los problemas que atraen nuestra atención.
  • La Ley de Simular: No necesitas que nadie te diga que a las personas les encanta ponerse máscaras, una para cada ocasión – metafóricamente hablando-. No obstante, ocasionalmente revelan sus verdaderas intenciones por varias señales no verbales tales como expresiones faciales, postura, gestos nerviosos, etcétera.
  • La Ley de la Avaricia: Es extraño pero, gusta más lo ajeno por ajeno que por bueno. La ilustración filosófica que demuestra por qué los seres humanos se esfuerzan por algo que se les está yendo de las manos.
  • La Ley de la Represión: Las personas no son lo que aparentan ser. Está en su naturaleza tratar y ocultar la oscuridad que predomina en su corazón. Antes de embarcarte en un viaje para observar la ignorancia en general, debes de volverte extremadamente consciente de tus turbios impulsos.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

 

 

4 Comentarios

  1. Paula Rodríguez

    Wow cuanta verdad! Excelente entrada!

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  2. Mauricio Hernández

    Ha leído perfectamente el “modus operandi” de la humanidad mi querido Germán. Tan acostumbrados a vivirlo que ya es paisaje y hace bien que de vez en cuando, alguien se encargue de recordarnos un poco la escencia en la que nos hemos convertido

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    • Germán Rojas Molina

      Apreciado Mauro, gracias por tus palabras. A veces quisiera quedarme sin tema pero el mundo está tan patasarriba que lo que me falta es tiempo. Un abrazo.

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