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Según un estudio de la Universidad de Harvard, la profesión más antigua del mundo comenzó a ser ejercida hace dos millones de años, desde cuando el hombre evolucionó a Homo erectus: Cocinero.

En otras palabras, cuando nuestros antepasados lograron ponerse de pie y caminar derechos, primero quisieron saciar el hambre y pagaron a algún cocinero para que les preparara pierna de dinosaurio al ajillo con finas hierbas, antes que se les ocurriera pagar por satisfacer su curiosidad por tener sexo “out of home”.

La condición de erectus del hombre en esa época, no tenía que ver con la situación opuesta que hoy supuestamente soluciona el Viagra, sino porque ya caminaba erguido sobre sus pies, digna posición que en los siguientes años se fue degradando debido, entre varias razones, a que el Homo Sapiens decidió arrodillarse varias horas al día para pedir perdón o venerar a los dioses o clamar ayuda para vencer las tentaciones, incluyendo por supuesto, sus ganas de ir a los prostíbulos, de donde salía con una poco convincente sonrisa de satisfacción, sin dinero, con nuevos motivos para seguir pidiendo perdón arrodillado y las rodillas más inflamadas. También contribuyeron a que el Homo sapiens dejara de caminar erguido el tener que agachar la cabeza 48 o más horas a la semana sentado frente a un escritorio y su obsesiva dependencia con los celulares y tabletas. El ser humano es ahora una rara especie que podría llamarse Homo si gibbus, algo así como Hombre Jorobado. Así, cada vez será más complicado levantar cabeza.

La prostitución ha sido condenada desde mucho antes que existieran las manzanas, por diversos sectores de la sociedad y desde los púlpitos y las trincheras feministas han intentado abolirla sin conseguirlo, pero sí empeorando el estigma. Esta persecución sin pies ni cabeza les ha quitado mercado a los prostíbulos y ha favorecido el auge de las amantes, práctica adoptada por los hombres como lo más normal para que a sus esposas se les quitara el eterno dolor de cabeza. Gracias a las amantes, el hombre invierte cada vez menos dinero en el mercado familiar y más en alquiler de carros ostentosos, perfumes, ropa interior femenina copiada a Victoria´s Secret, Viagra y restaurantes de fritanga gourmet. Con la pandemia y el distanciamiento social, la prostitución presencial pareciera estar en riesgo de desaparecer, aunque como el reinventarse está de moda, la prostitución virtual está en su cuarto de hora: sin besos, sin fluidos compartidos, sin enfermedades de transmisión sexual, sin dinero en efectivo. En su cuarto y de verdad, sin sexo.

Aunque se siga creyendo que la prostitución es la profesión más antigua del mundo, prostituirse tal vez sea una actividad mucho más antigua y a la vez, la más moderna y lucrativa de las profesiones.

Google define “prostituirse”, así: a) Mantener relaciones sexuales a cambio de dinero. b) Hacer un uso deshonroso de un cargo, autoridad, etc., generalmente para obtener dinero u otro beneficio. Cuando se le pregunta a Google por la palabra “reputación”, estas son las dos respuestas más frecuentes: : 1. Opinión, idea o concepto que la gente tiene sobre una persona o una cosa. “Llegó a gozar de cierta reputación entre el público” 2. Opinión positiva que mucha gente tiene sobre una persona o una cosa por sus buenas cualidades. “Es un vino con bastante reputación”.

El mundo está patasarriba, lo que es blanco es negro y muchas cosas ahora significan lo contrario a lo que originalmente describían. Por ejemplo, la palabra “Reputación” ya casi no se usa como una opinión positiva, a excepción de que se trate de una opinión positiva para calificar algo negativo: “El Dr. “…”  tiene la reputación de ser el más inteligente de todos los corruptos”.    Además, la palabra Reputación contiene la palabra “puta”, un ejemplo más de esas irónicas y traviesas jugadas del lenguaje en que lo absurdo y opuesto resulta ser lo más lógico en la práctica. Así que sin haberse pensado de esta manera, la palabra “reputación” nació prostituida en su sonoridad con el estruendoso vocablo “puta” dentro y como en una escena divertida del planeta Distopía, los ciudadanos e instituciones más llamados a mantener su reputación intachable, no solo no lo consiguen sino que son los que más se han prostituido y ganado a puro pulso su merecida reputación.

Aquí, tres prostitutas que día a día aumentan su reputación, ya no caminan erguidas por estar retorcidas, arrodilladas, compradas y sobornadas, y están contaminando con sus ETS (Enfermedades de Transmisión Social) a todo el planeta:

  1. La Justicia. Simbolizada por una hermosa y calculadora mujer que mantiene los ojos vendados para hacerse la de la vista gorda ante las miles de situaciones en que ni obra, ni juzga, irrespeta la verdad y no hace cumplir las leyes. Sostiene una balanza y no hay certeza de si en sus platillos hay oro en polvo o cocaína. Su prontuario ocupa más de 115 millones de hectáreas, que equivalen a la superficie entera de Colombia, área más grande que la superficie de Suiza, en donde tienen sus cuentas bancarias los dictadores, expresidentes y otros personajes similares de probada reputación, todos del selecto círculo de amigos de la Justicia. Ladrones de cuello blanco que se han apoderado de 400.000 millones o más, tienen la casa, o la finca o Colombia entera por cárcel y desgraciados que robaron seis buñuelos están pagando seis años en prisiones de alta seguridad. Moraleja: En Colombia, los buñuelos son más importantes que la Virgen de Chiquinquirá.  Quienes prefieren la versión idealista de la Justicia, hay películas muy entretenidas, entre ellas, La Liga de la Justicia o clásicos como Batman, el Caballero de la noche, en donde un vil criminal apodado Batman que vive rodeado de lujos y mimado por un mayordomo, le declara la guerra a un ejemplar ciudadano conocido como El Guasón.
  1. La Industria Farmacéutica. Es como una familia de esas que posa sonriente para una fotografía que luego será ampliada y convertida en un mural imposible de ignorar por los visitantes que llegan al palacio; pero de puertas para dentro, sus integrantes son mentes perversas y retorcidas sedientas de poder, dinero y deseos de explotar ad infinitum la obsesión por la salud que se convirtió de manera forzada en la moda del siglo 21, debido precisamente a que la humanidad vive enferma. La industria farmacéutica tiene dos caras: una benevola muy parecida a la de la Madre Sor Teresa de Calcuta, con la que cura algunas enfermedades no inventadas por esta industria, y la otra cara, muy parecida a como uno se imagina que es la de un Illuminati, con la que desarrolla millones de vacunas para enfermedades desconocidas para todo el mundo menos para ellos. Originalmente creada para velar por la salud de millones de personas, cuando el dinero comenzó a dar órdenes, la industria farmacéutica perdió su norte, se contagió de la obsesión por la riqueza, hizo alianzas con millones de batas blancas que hicieron el Juramento Hipocrático de manera hipócrita y más reciéntemente con la OMS (Organización de Mentes Satánicas). Si usamos la lógica, a quien produce medicinas no le conviene que la gente recupere la salud porque las dejaría de comprar, así como a quienes fabrican armas no les conviene que haya paz sino guerras, y a quienes quieren manipular la mente de las personas les conviene que estas no piensen. Todos estos vergonzosos actores alrededor de la industria farmacéutica, sirvieron de inspiración a quien creó el recordado refrán de “peor el remedio que la enfermedad”.
  1. El Estado. Históricamente, el “Estado” siempre ha sido una distopía instaurada gracias a los votos de millones con un pensamiento utópico colectivo. Votamos para que gobiernen a favor del bienestar del pueblo y que haya progreso, pero es lo que menos hace “El Estado” en la práctica. Si cumpliera honestamente las promesas y planes que se compromete a desarrollar, el mundo entero sería un paraíso y no la Corruptela que hoy genera el caos en casi todos los países. Irónicamente, la palabra “Estado” viene del latín Status, y este del verbo stare (estar parado), pero en verdad, los Estados con toda la burocracia que los caracteriza, han estado miles de años arrodillados ante quienes tienen más poder que ellos, usualmente unas personas “invisibles”.

POSTRE:

En mi listado de prostitutas estaba LA VERDAD en el primer lugar, pero lo que se ha hecho con este concepto tan importante en nuestras vidas es tan aberrante, asqueroso y enfermizo, que decidí dejarlo para una nueva entrada. Cada quien tiene su propia lista de prostitutas. Unas con más reputación que otras. Cuando se han vivido muchos años, la lista es más extensa, el sabor más amargo y las ganas de expresar el repudio son más fuertes.

  1. Tal vez, hastiado de todas las mentiras y la corrupción disfrazada de santidad que caracteriza a una organización que lo ha obsesionado durante gran parte de su vida, Fernando Vallejo, escribió su reconocida obra, “La Puta de Babilonia”. Respeto y no me entrometo en las opiniones, sean a favor o en contra.
  2. Transcribo directamente parte de lo escrito en la pestaña de la portada del libro “Decir No no Basta” de Naomi Klein, autora de No Logo y La Doctrina del Shock: “… para generar una crisis tras otra, se están utilizando tácticas de shock diseñadas para forzar políticas que arruinan a la gente, el medio ambiente, la economía y nuestra seguridad”.
  3. “¡Del Putas!”: Excelente, espectacular, genial. ¿Otra travesura del lenguaje?

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