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Así como el movimiento LGTBIQ salió del closet y ya casi se apodera del mundo, la mayoría de los y las EX que salieron por la puerta de atrás y no propiamente por la de la cocina, han decidido hacerse presentes de manera más persistente e invasiva en las vidas de sus respectivos EX que cuando ejercían como parejas. Es como si alguien que muriera, y cuya defunción trajo paz a quien se mudó al más allá y a quienes lo sepultaron, mantuviera de manera unilateral una sospechosa visibilidad, tomando como pretexto un “acompañamiento no solicitado” por su EX mutando en una sombra pegajosa que se arrastra aferrada a la vida de quien le cortó los servicios, a pesar de que ya no se le quiere ver y muchas veces ni siquiera mencionar. Los y las EX, son el “invitado indeseable” que hace su aparición sonriente, como si nada, cuando nadie le está esperando. Y no es que sigan apegados a su EX, sino que su ego sigue sangrando.

Algunos y algunas EX, son mejores personas como EX que lo que fueron como parejas oficiales, señal inequívoca de que realmente nunca debieron haberse convertido en algo formal. Así como unos pocos expresidentes solo son tolerables cuando terminan su periodo, y otros, abusando de su condición de EX, se convierten en un lastre que es imposible quitarse de encima. Colombia, por ejemplo. Y no es de ahora, así ha sido siempre

Los y las EX siguen presentes en los chats de sus exparejas, son tal vez los más comunicativos preguntando pendejadas sin importancia denotando una morbosa preocupación por su Ex ocupándole buena parte de los minutos.

Si hay hijos, peor. Los y las EX tienen derechos como padres o madres, que, o se les reconocen y los cumplen a las buenas o se convierten en un sustancioso ingreso para los abogados. Tienen días y horas en los que deben hacerse cargo de sus hijos y curiosamente pasan a ser padres o madres modelos de perfección, aunque cuando lo deberían haber hecho antes de separarse, brillaron por su ausencia, indiferencia y muchas veces, irresponsabilidad.

En un abrir y cerrar de ojos, los y las EX, pasan de ser unos cretinos a ser personas virtuosas. Hay que admitir que ser un o una EX hoy cuesta mucho más dinero que ser la pareja oficial de quien sea, no solo en dinero sino también en tiempo. Y no tanto porque la ropa, celulares, viajes, antojos de todo tipo, idas a restaurantes y hasta los helados cuesten. Es que su condición de EX los hace víctimas ideales a explotar no solo por su expareja sino también por sus hijos, que manipulan a su antojo las debilidades afectivas de sus padres separados, y los manipulan por separado, como es obvio. Separarse es como una maldición moderna, porque es casi imposible que su expareja se haga a un lado de verdad y no siga incomodando.

Los EX y las EX dejan de ser vistos como prospectos ideales por personas que están a la búsqueda de pareja, porque cargan con el karma de unos ingresos disminuidos al tener que ser repartidos entre demasiadas bocas

Algunos EX que antes eran vistos como millonarios y estereotipos progresistas de vida en ascenso, cuando adquieren su condición de EX, pasan automáticamente a ser unos pobres separados que dan lástima y lo único que logran levantar son comentarios perversos y poco comprensivos con su a veces, lamentable condición humana. Por fortuna, hay excepciones, y literalmente, “por fortuna” como lo es el caso de Jeff Bezos, cuyo divorcio costó US$35.000 millones, tajada muy sustanciosa que convirtió a MacKenzie, la ex de Bezos, en la segunda mujer más rica del planeta.

Jeff Bezos es no solo el hombre más rico del mundo sino también de la historia, uno de los tres centibillonarios del mundo junto con Bill Gates y Mark Zuckerberg, y a estos dos, los duplica en su fortuna. Bezos, Gates y Zuckerberg, siguen siendo los grandes beneficiados de la pandemia. El covid19 los ha hecho más ricos en cientos de millones de dólares. Centibillonario es una persona que posee una fortuna superior a los 100 billones de dólares.

Aterrizando nuevamente a nuestra humilde realidad, también los y las EX, suelen ser lucrativos negocios para los abogados, psicoanalistas, prostíbulos, gigolós y atractivas estafadoras tan expertas como las rusas cazadoras de viejitos calientes o divorciados invisibles, unas y otras saben cómo desplumar a un nuevo miembro del club de corazones solitarios en busca de compañía, mientras le quede algo de dinero. Los gigolós frecuentan los restaurantes e iglesias, aunque su lugar predilecto de conquista son los gimnasios en donde sus prospectos a estafar están tratando de bajar de peso mientras ellos están calculando cómo ganar unos buenos pesos consolando a las EX.

A diferencia de la recién ganada santidad de algunos de los anteriores ejemplos de sufridos EX, los exnovios y exnovias o explan minutos semanales o exsexo casual sin compromisos o expaño de lágrimas con derechos a sexo, pasan a ser una auténtica pesadilla al terminar sus relaciones porque deciden exprimir en serio a sus ex y adquirida su condición oficial de EX, por arte de magia todas las virtudes que los hicieron atractivos e irresistibles en su fugaz momento, quedan reducidas a “una amarga y dolorosa experiencia que me enseñó a pesar de…”; fueron muy interesantes, casi amor a primera vista, intensos y controladores después de un par de meses, detestables y en algunos casos sicópatas impredecibles a partir del tercer mes, e irónicamente, cuando inevitablemente aparecen las nuevas experiencias de sus exparejas, estos y estas EX comienzan a ser añorados, a ser vistos como un mal menos tortuoso que la nueva pareja, algo así como comenzar a echar de menos la visita al dentista. No tengo claro si estas prácticas encajan en lo que Robert Greene llama la “Ley del comportamiento compulsivo” o la “Ley del autosabotaje”, o tienen de la una y la otra, pero para el psicoanálisis es masoquismo y sadismo. Lo primero requiere de lo segundo, se necesitan. Masoquista que se respete, no es” feliz” sin un sádico que le amargue la vida.

Hablando de masoquismo, los que pertenecemos a la generación de los Baby Boomers, -nacidos entre 1935 y 1960- fuimos malcriados con reglas diferentes. Los más afortunados nos creímos aquello de que el matrimonio es hasta la muerte y decidimos enfrentar el desafío, pero hay quienes afirman que gracias al lobby de algunas parejas muy posesivas, este plazo se amplió hasta el “más allá”, con lo cual, por agradable que sea el cielo en que se esté perdiendo el tiempo, y por llevadera que haya sido la pareja en vida, estar “viviendo” en el más allá con ella o él, después de la muerte, podría convertirse en un purgatorio eterno.

Los Baby boomers no tuvimos que lidiar con eso de los EX y las EX, -no sé si es un alivio o una manera de pagar los pecados en vida-, y cuando vemos a nuestros hijos sufrir, gozar, reír, maldecir, equivocarse una y otra vez y hasta repetir los fracasos añorando a sus EX, les damos una palmadita de consuelo, mientras pensamos en voz baja si fracasamos estruendosamente como padres o si nuestros hijos nacieron con menos neuronas que la gente normal, aunque en verdad lo que sucede es que ningún consejo, por sabio que sea, le gana a unas hormonas alborotadas.

El gigantesco club de los y las EX crece día a día en el mundo entero y más rápido que las cifras infladas de la OMS sobre los “reales” contagios y muertes por covid19. El mercado del “usado” crece a velocidades vertiginosas mientras que las parejas potenciales sin vínculos anteriores que les aten al pasado parecen ser una especie en vías de extinción.

 

POSTRE

  • Hay que tener en cuenta que las mujeres se casan o se van a vivir con un hombre esperando que este cambie, pero los hombres no cambiamos. Las mujeres nos conocen siendo inmaduros y seguimos siendo así toda la vida. Mientras haya fútbol y amigos, madurar es casi imposible. 
  • Los hombres nos casamos o vamos a vivir con una mujer esperando que ella nunca cambie, y ¡cambian muchísimo! Se vuelven tan irreconocibles que a veces pedimos que nos las presenten en plena cena familiar.
  • Cambian tanto las mujeres -en casos excepcionales para bien-, que transcurridos dos a cinco años, es como si los extraterrestres hubiesen raptado a la mujer con quien vivimos y en su cuerpo hubieran trasplantado a uno de esos seres reptilianos de los que hablan las teorías conspirativas.
  • Tal vez esta sea la verdadera invasión alienígena que viene ocurriendo desde hace años y sin saberlo, millones de hombres estamos durmiendo con unos seres que todavía desconocemos, que nos leen el pensamiento y prohíben todo lo que nos hace felices,  pero adicionalmente, se están apoderando del planeta disputándoselo a los del movimiento LGTBIQ, quizá como infiltrados, y tal vez no sea ciencia ficción. 

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

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