Seleccionar página

Pasar de un mundo analógico a un mundo virtual que interactúa simultáneamente con el analógico, nos hizo creer que nuestro universo personal, familiar y empresarial se expandiría hasta el infinito. Algo parecido a lo que ocurre con nuestras mentes, que en la medida en que les damos más uso y las llenamos de más información y experiencias, su expansión crece y crece, aunque sigue ocupando los mismos pequeños límites físicos del cráneo.

En sus primeras décadas, esta interacción entre lo real y lo virtual, produjo resultados extraordinarios, tal vez asombrosos y a la vez perturbadores; aceleró el desarrollo del ser humano en muchas y diversas áreas. Sin esa virtualización, el mundo de hoy seguiría siendo una aldea medieval poblada por millones de personas menos inteligentes que las mascotas de esta época, las cuales en varios sentidos, ya superan a sus amos; soñar con llegar a la Luna seguiría siendo algo utópico. Hoy ya se está hablando de que el próximo paso será viajar de la Luna a Marte para dejarle a unos zombies más voraces que los de The Walking Dead, lo que quede del planeta Tierra después de que termine la pandemia, si es que termina algún día o si antes ella resuelve terminar con todos nosotros.

La disrupción de las redes sociales redujo las distancias entre millones de personas. 

Hoy es más rápido y efectivo whatsappear que intentar dialogar con alguien que tenemos al frente mientras desayunamos.

Hoy es más rápido y efectivo whatsappear que intentar dialogar con alguien que tenemos al frente mientras desayunamos. En esos 7 x 12 centímetros caben ahora miles de millones de vidas ficticias que parecen reales, millones de fotografías retocadas, noticias falsas que parecen reales, millones de empresas legales e ilegales.

También, las teorías científicas más respetables y las conspiraciones más diabólicas, religiones, gobiernos, países, organizaciones mundiales y hasta lo más decadente de la Humanidad; también caben ahí la biblioteca más grande del planeta Tierra y los perfiles de 2.500 millones de usuarios de las redes sociales de nuestro mundo; escogemos entre los miles de millones de vídeos lo que se nos antoje, bien sea para aprender algo, distraernos o perder el tiempo; podemos ver los más recientes vídeos de los gatos, los de las bodas inolvidables en las que alguien levanta la mano para oponerse a que la pareja se case, o los de los goles que no logró convertir Messi o los vídeos caseros cuasi pornográficos que ahora se convirtieron en negocios familiares gracias a la pandemia; miles de horas de publicidad invasiva y cuadriculada que evitamos como si fuera la peste, y publicamos lo que nos venga en gana, -lo cual muchas veces resulta repugnante y depresivo-, y gracias a esa caja de 7 x 12, nos enteramos al instante de casi todo lo que sucede en el planeta, aunque muchas veces quisiéramos que nuestros amigos conspiranoicos nos cuenten tarde sobre cuáles son las últimas medidas que tomaron los CEO del Nuevo Orden Mundial sobre su proyecto de reducir la población mundial a solo 500 millones de personas obligando al resto del planeta a dejarse vacunar. No deja de ser irónico pensar qué van a hacer con tanto dinero en un mundo tan desolado.

Esa cajita de 7 x 12 centímetros gobierna hoy nuestras vidas. Y no es una democracia. Es una dictadura.

Somos amigos virtuales de 1.500 extraños que parecen seres humanos y hasta tienen fotos de sus día a día en nuestros perfiles en Facebook, pero evitamos interactuar con los 4 o 5 seres físicos reales con quienes compartimos nuestro hábitat.

Es más tranquilizador hacer las compras basados en las recomendaciones que algunos seres imaginarios dejaron consignadas en la cajita de 7 x 12, que hacerlas guiándonos por nuestro sentido común o el de nuestros familiares o amigos reales.

Millones se visten y desvisten cada día para tomarse fotos o grabar vídeos y subirlos a la cajita de 7 x 12, esperando ansiosos aprobación masiva en forma de likes que valide su percepción de ser personas atractivas o muy cool o que les confirmen que existen, ya que tienen la oscura sensación de haberse vuelto invisibles para sus familiares cuando realmente es lo contrario.

En la cajita de 7 x 12, hay códigos rebaño que condicionan lo que se puede postear o no se debe y aunque la mayoría de usuarios los conocen, sucede lo mismo que con los mandamientos. Los más jóvenes viven su día a día entre la vida y la muerte, pendientes de los Me Gusta y cuando estos no llegan, pero sí las mezquinas críticas de los francotiradores virtuales que inundan de odio todo el espacio virtual, algunos llegan a considerar que el suicidio sería una buena opción. Y es mejor que no pregunten en las redes sociales si cometen suicidio, porque con seguridad recibirán muchísimos likes.

Millones de empresas tienen páginas web ofreciendo sus servicios; páginas que también luchan por ser notadas en esta cajita y se valen de todas las estrategias que los gurúes del marketing digital les venden. Nada fácil, porque la competencia es el mundo entero y ese mundo entero, también está dentro de esa misma cajita y, por si fuera poco, la saturación virtual y el síndrome de la distracción, ayudan a que la mayor parte de lo que se anuncie en la cajita de 7 x 12, se olvide segundos después de haber sido visto.

Uno se pregunta hasta cuándo será el reinado de la cajita de 7 x 12. Antes de la pandemia, la cajita ya reinaba con miles de millones de esclavos y ahora en plena pandemia, la cajita parece una prótesis adherida a nuestras manos y es casi imposible quitar los ojos de ella. Es una obsesión, pero como todo en la vida, tal vez la cajita también forme parte de una ola de esas que van creciendo y creciendo, y que cuando se llega a la cresta, viene la caída.

 

POSTRE

  • El ser humano se ha especializado en crear cajas para todo. El universo creado por el hombre es rectangular, por eso vivimos en un mundo cuadriculado. Observen sus viviendas, las puertas, ventanas, baldosas, televisores, cocinas, camas, mesas, y en general casi todo lo que el hombre ha construido y comprobarán que son cajas, incluida por supuesto, la caja esa a la que nadie quiere llegar, pero que nos espera pacientemente, a todos.
  • Pareciera que nos gusta llevarle la contraria a la Creación. El Universo es circular, los planetas son grandes esferas, las galaxias son espirales bellísimas, y en general la curva es la firma del Creador.
  • Tal vez Antoni Gaudí y otros artistas más, son la excepción. Gaudí le regaló a Barcelona su arquitectura distintiva. Alguna vez un empresario me preguntó por qué los publicistas vivíamos tan obsesionados por las curvas de la mujer. Le respondí: Son para romper con la monotonía visual de los rectángulos en que su publicidad será vista. No me creyó, pero tampoco estuvo de acuerdo en retirar a las modelos de su publicidad.

*Aunque este es un espacio de opinión libre, por favor mantengamos el respeto, equilibrio y tolerancia. Se eliminarán comentarios que promuevan la violencia, el odio o rechazo hacia personas o comunidades por su orientación sexual, condición social, racial, religiosa; sexualmente explícitos u ofensivos, como también los que vulneren los derechos de los niños.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share This